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jueves, 6 de marzo de 2014

Suavis Inimicitia "Tortura"


En esos días de cautiverio fue un autentico infierno para Adriana y Élbir. Nada más llegar y separarla de sus hijos,Quintus llevó a Adriana a una tienda dónde había unas jaulas pequeñas cuyo interior albergaba unos pobres cautivos en un estado lamentable. Quintus ató las manos de Adriana antes de sacar el látigo y empezar a azotarla con suma fuerza,desgarrándole la ropa y la carne de la espalda,dejando que largos hilos de sangre cayesen hasta el suelo. Adriana gritaba de puro dolor,la estaba destrozando.

-Es una pena llenar de cicatrices un cuerpo tan bonito como el tuyo- le susurró Quintus a su espalda,tras eso cogió un cubo de agua y lanzó el contenido sobre las heridas abiertas en la espalda de Adriana,sacándole un alarido de puro dolor. Y siguió unos diez minutos más de azotes antes de colocarle pesadas cadenas en las manos antes de lanzarla sin cuidado alguno al interior de la jaula,dónde sólo había mujeres en muy mal estado.

Élbir por su parte fue atado a un poste,dónde otro soldado le azoto con un látigo,desgarrándole la carne de la espalda y arrancándole gritos y alaridos de dolor al púnico. Tras eso lo soltaron y Quintus que apareció sin saber Élbir cuando,escupió en el rostro del joven.

-Serás destinado a ser un muñeco de prácticas,cuando volvamos a Roma serás vendido al circo de gladiadores. Y tu amiguita al parecer será la nueva favorita del pretor- de haber podido,Élbir le habría arrancado los ojos a ese legionario.


Sadik por su parte,odiaba que Aurelia estuviese todo el día con su hermana en brazos,a quién la romana no paraba de hacerle carantoñas y mimos,algo que odiaba Sadik,esa mujer no era quién para hacerle eso a su hermana.

-Y dime,pequeño,¿cuál es tu nombre? Tendré que saberlo- dijo Aurelia agachándose a la altura del niño,quién la miró con un brillo de enfado en sus ojos verdes.

-No voy a decírtelo, soy un guerrero.

-Claro que serás un guerrero,al servicio de Roma,y tu hermana,¿cómo se llama?- trato nuevamente de acariciar la mejilla morena de Sadik,desde que llegó el niño no había dejado que le tocase ni un poco. Pero Sadik nuevamente le dio un manotazo a la mujer.

-Seré un guerrero al servicio de Cartago. Y no te importa el nombre de mi hermana,mi padre la llama mocosa.- la mujer no pudo reprimir una carcajada por la predisposición del niño- y que no eres mi madre.

-Yo seré ahora tu madre,cariño. Conmigo vivirás mejor en Roma que en esa tierra salvaje de África- el niño ya se hartó y se alejó de Aurelia,saliendo de la tienda al mismo tiempo en la que Cayo entraba.

-No te esfuerces,ese niño es un salvaje- Cayo no le había dicho a su esposa que los niños que Aurelia quería adoptar eran hijos de un bravo guerrero y que la madre de los niños si que era Adriana. Aurelia conocía a Adriana de la boda de Julius y Selene,ya que fueron invitados a esa boda,aunque Cayo no gozase de la simpatía de Julius,sólo fue invitado por cortesía.

-Al menos la pequeña podrá ser romana. He pensado en ponerle de nombre Julia,Julia Meredio. Seguro que el nombre que le pusieron será un nombre bárbaro como Tanit, Jezabel o algo así.

Ajeno a esto,Sadik andaba por el campamento en busca de su madre,entro en cada tienda sin encontrar nada,hasta que por fin encontró la tienda donde se hallaban las jaulas de los prisioneros,sin más,entró picado por la curiosidad y con voz temerosa llamo a su madre.

-¿Mami?¿Mami?- preguntó el niño en voz alta sin obtener al principio respuesta.

-S-Sadik...aquí....-¡era la voz de su madre! Sonaba débil,de modo que el niño hecho a correr en busca de ella,cuando la encontró casi hecho a llorar. Adriana estaba vestida con los harapos en los que su vestido fue reducido por los latigazos,en general sucia,maltrecha y gravemente herida.

-Mami....-Sadik metió sus manos entre los barrotes para tratar de tocar a su madre. Adriana con un esfuerzo sobrehumano se incorporó y con su manos encadenadas tomo con ternura las de su hijo.

-Mi niño....mi bebé...mi príncipe....-susurró Adriana besando las manos de su primogénito.

-Mami,tenemos que escapar....

-Necesitamos a tu padre....él podría salvarnos....Sadik....protege a tu hermana....por favor....que la mujer no se la lleve...por favor...-pidió Adriana con voz débil y cansada,Sadik asintió con la cabeza,no iba a defraudar a su madre ahora que era su única esperanza.

-Mami...- murmuró el niño con una voz quebrada,a punto de llorar. Adriana lo miró cálidamente,debía de consolarle.

-”Soy la magia,soy la luz,
un instante de eternidad,la puerta abierta al más allá,
si duermes me verás.
Sí has llegado hasta aquí,cuidate de morir
sin antes dejar terminados todos tus sueños,la vida es para luchar.
Si has llegado hasta aquí,cuidate de morir
sin antes dejar dejar terminados todos tus sueños,la vida es para luchar.
Ahora te toca vivir,ya habrá tiempo de morir,
hazte amigo de la adversidad o nunca serás feliz.
Y algún día verás que la vida es muy corta para llorar,
se tú mismo eso nunca nadie te lo podrá quitar.”*
Empezó a tararear Adriana,era la canción que siempre le cantaba a sus hijos cuando estaban tristes. El niño sacudió la cabeza para tratar de no llorar,debía de ser fuerte para ayudar a su madre y a su hermana.

-Tienes que ir con tu hermana,y en cuanto puedas ve al Iberus...tú padre cruzara pronto el río. Convence a Aurelia para ir.

-Lo haré mami,no te defraudare- Adriana besó las manos de su hijo,tenía que aparentar fortaleza para que Sadik no se derrumbase,pronto Aníbal iría a por ellos y pondría las cosas en su sitio.

-Tienes que irte,te estarán buscando...sé fuerte Sadik- el pequeño asintió con la cabeza y obedeció las palabras de su madre de irse de ahí. Adriana le dijo que se fuese para que no se metiese en líos y para que no la viese en ese estado lamentable. Menos más que una celtibera,con la que se comunicaba en íbero y en algunas palabras sueltas en latín,llamada Kara le curó cómo pudo las heridas de la espalda. Kara también le contó parte de su historia. Que la castra fue levantada sobre donde estaba su aldea y todos los prisioneros y esclavos eran los habitantes de aquella aldea celtibera. Adriana se juró a si misma que en cuanto escapase y llegase a Cartago, redactaría una carta al Senado de Roma para denunciar las atrocidades del pretor Cayo Meredio. Se ocuparía ella misma de hundir en la miseria a ese hombre,si Aníbal no le mataba antes.

(* La canción se llama “El espíritu del Bosque” y es de Mägo de Oz)


4 comentarios:

  1. Por tus historias llenas de pasión e historia...
    tienes un PREMIO en mi blog...
    me gustó descubrirte
    besossssssssssss

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  2. Hola Novak,siempre es un placer recibir tus comentarios n.n
    *^* pues muchas gracias por el premio! *^*

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  3. Me maravillas mujer
    eres increible

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    Respuestas
    1. Muchas gracias por tu comentario,siempre es un placer leerte

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