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viernes, 17 de mayo de 2013

Suavis inimicitia


Poco a poco el tiempo iba pasando,el Sol salía,hacía su recorrido y muria para dejar paso a la Luna.La libertad de Adriana acababa.

La joven llegó a decir que quería ser vestal,sacerdotisa de Vesta,conservar su virginidad y cuidar del fuego sagrado.Prefería esa vida a la vida que le esperaba.

Todo inútil.

Mientras,en Roma,alguien compartía la  desdicha de Adriana: Selene.
Selene había tenido suerte de casarse por amor,de que su esposo fuese atento y cariñoso.Lo único que la asqueaba eran las bacanales,pero en era normal que un hombre cediese a los impulsos de la entrepierna y más en las bacanales,en las que ella mismo participo.De hecho en una perdió la virginidad con Julius.Su dulce y virginal hermana nunca participo en una.

Ambas hermanas desde siempre habían tenido un lazo especial por el hecho de ser mellizas,tenían muchísima empatia y  se imaginaba cómo su hermana estaría viviendo esos momentos.

-¿Estás bien,dilectione mea? (mi amor)- preguntó Julius preocupado al ver el estado de ánimo de su esposa.Está solamente suspiro,observando la luna creciente en el cielo nocturno.La luna creciente,el símbolo de Diana,protectora de Sicilia.....¿sería un buen augurio? 

-No,esposo....Adriana me preocupa.....- dio un leve gemido al notar un beso sobre su nuca.Su esposo le había apartado la larga melena azabache y empezar a besarle el cuello.

-Era necesario....sé el vínculo que os une a amabas.Pero lo más raro era que Aníbal fue quien la pidió,no la ofrecí.

-¿Podría ir yo a Siracusa para despedirme? Quiero abrazarla quizás por última vez.

-Claro que si animam meam (mi vida).

Esa noche,ni siquiera la dulces caricias de amor de su marido,Selene podía olvidar el destino de su hermana.

Adriana esa noche estaba jugueteando con la cadena de oro que siempre portaba al cuello,con un ídolo que no sabía muy bien quién era,desconocía que era Baal,divinidad púnica.Se encontraba pensando en su delicada situación cuando Claudia entró.

-Deberías acostarte Adriana...es tarde.

-No puedo descansar Claudia....me es imposible....

-Los cartaginenses son bárbaros,salvajes.Pero piensa que Aníbal es un guerrero,tarde o temprano morirá en alguna batalla y tú quedaras viuda y libre.Es sólo cuestión de tiempo.

-Hablas cómo si conocieses la situación,Claudia- la princesa besó tiernamente la imagen de Baal de oro,lo único  que recordaba del día que se le dio ese salvaje cartaginés que segó la vida de sus padres,cuya identidad descocía,eran los ojos negros de aquel hombre,esos ojos cómo dos pozos negros sin fondo.

El recuerdo de esos ojos negros la tranquilizaba y excitaba sus más bajas pasiones....

continuara.....

martes, 7 de mayo de 2013

Suavis inimicitia



Mientras,en Cartago,la noticia de la boda de Aníbal Melkart,el nombre completo de general con una joven romana corría por las calles,no había nadie en Cartago que no supiese de esa unión.

Pero la sombra del pasado volaba sobre la noticia,Aníabl estuvo casado antes con un muchacha íbera llamada Delinenar,una unión concertada por sus padres cuando ambos eran adolescentes.Delinenar era una mujer que no encajaba con su esposo,nada sumisa,alocada y que hablaba mucho.

Pero el matrimonio fracaso cuando Delinenar abandono a su esposo por un romano,alimentando el odio hacía roma de Aníbal.

Una noche,Aníbal observaba desde el balcón de su lujosa casa el mar.Amaba el mar y todo lo relacionado con él,era algo que le venía de familia,de hecho cuando sus antepasados construyeron la vivienda la hicieron de tal  modo que estaba orientada hacía el bello mar.

-¿Por qué una romana?- preguntó una voz sugerente y femenina a espaldas del púnico.

-Alice llama antes de entrar en mi alcoba....- protesto molesto,al instante noto cómo el femenino y esbelto cuerpo de Alice le abrazaba por deteras.

Alice era una preciosa rubia celta originaria de Britania,hacía meses que ella y Aníbal se conocieron por que ella viajo hasta Cartago por comercio,y al general le llamo la atención el descaro de la rubia y el hecho de que le gustaba acostarse con un hombre sin pensar en casarse.Además de la innegable belleza de la celta.
Con unos largos cabellos espesos y de un rubio claro semejante a la plata con las vetas más oscuros de un color similar al oro,además de una piel clara y unos ojos verdes cómo esmeraldas.
Pero la relación entre ellos era sólo carnal,además de que Aníbal pensaba últimamente en Adriana,oyó los rumores de su belleza,si de niña era hermosa,ahora en plena adolescencia sería una diosa.Tenía esos ojos de ciervo gravados a fuego en su memoria.

-¿Por qué,Gracia de tu dios Baal?

-Porque sí Alice....-la celta le lamió el cuello,suficiente provocación,así que sin más la arrojo sobre la cama y se coloco encima de Alice....
Estuvieron horas entregados al placer,oyéndose sólo sus gemidos y jadeos de placer.

Continuara..... 

Suavis inimicitia





Ardriana estaba desesperada,¿qué podía hacer para salvarse de un matrimonio concertado? Nada.Era la triste realidad,no podía hacer absolutamente nada,trato de suplicarle a Julius que recapacitase y rompiese el compromiso,pero no.No se podía hacer nada.

La joven lloraba amargamente todas las noches,rechazaba la compañía de Selene y de Julius,al que culpaba con motivos de su estado de ánimo,de que estuviese condenada a un matrimonio sin amor.Vale,el objetivo era la paz,pero ¿a ese precio? ¿A que viviese un matrimonio vacío de amor y cariño?

Tanta pena sintió,que Adelphos,aún enamorado de ella,le sugirió a Julius que permitiese a Adriana irse de Roma y hasta el momento de ir a Cartago permanecer en Siracusa,así podría estar tranquilo.El príncipe de Sardonia se ofreció a custodiarla y protegerla hasta el momento de su marcha.

Así se hizo.

Adriana,junto con Adelphos y algunos criados,entre ellos su fiel Claudia,se instalaron en Siracusa,en el antiguo palacio de la familia de la madre de Adriana.

Los días pasaban con tranquilidad,todo lo que cabe tras una guerra y una ocupación extranjera.

Una tarde,Adelphos y Adriana estaban paseando por un campo de cultivo,observando el paisaje dorado del trigo.Adelphos hablaba sin parar,tratando de animar a la joven,pero ella seguía deprimida.

-Adriana....podríamos huir juntos y salvarte de casarte con el púnico.

-Adelphos....¿a dónde iríamos?

-Al norte,muy,muy al norte....a tierras de bárbaros,nadie nos....

-No Adelphos. Es un plan insensato,sin futuro....Roma espera esta boda.

-Adriana....sabes que te quiero.Prefiero verte muerta que casada con Aníbal -al instante,el joven se arrepintió de sus palabras,había sido una ofenda esas palabras,pero una vez más,el tierno corazón de Adriana se apiadó de la lengua impulsiva de Adelphos.

-Te quiero....pero cómo un hermano.Nada más,nunca pasara nada entre tu y yo.

Con estas palabras,la joven dio media vuelta para volver al palacio,con Adelphos siguiéndola cómo un perro faldero.

 Continurara.....