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martes, 25 de noviembre de 2014

Invictus: "Los planes"


La noche se cernía con demasiada prusa sobre la ciudad de Sirarusa,por reglas del protocolo sobre la recepción de invitados de sangre noble,y aunque Cielas era egoísta,envidioso y rencoroso era un miembro de un linaje real que se hospedaba allí,por lo tanto las leyes de cortesía decía que se tendría que celebrar una cena en su honor.
Sadik coincidió con él aquel día y Cielas al ver al príncipe con ropas muy sencillas,sucio y sudado debido a que había estado practicando con la espada junto a su hermana Aradna,esa niña era un auténtico prodigio con la espada,lástima de ser mujer y no poder explotarlo,con Aradna hasta el propio Alejandro Magno se hubiese achantado un poco por la fiereza de la joven princesa.
Cielas lo tomó por un esclavo cuando se cruzaron y se percató de las ropas sucias del joven y nada más verlo le ordeno despectivamente que llevase el equipaje que había traído a una de las alcobas del área de invitados.

-No soy un esclavo,soy Sadik,hijo de Aníbal.- dijo con sumo orgullo el joven,levantando la cabeza con gesto bravo. Cielas lo miró de arriba a abajo,estudiándolo con sus oscuros ojos,de modo que ese era el hijo de su medio hermana,su medio sobrino,ahora que lo veía bien podía apreciar que ese muchacho tenía un porte elegante.

-Al veros con esos ropajes creí que erais un esclavo,joven príncipe.

-Cuando uno se entrega al ejercicio se mancha,señor- cortó la conversación al retomar el camino para asearse.

Esa noche Cielas caminaba por la alcoba como si de una fiera enjaulada se tratase,no esperaba que la visita a Siracusa fuese así,cuando se enteró de que Adriana se había casado con Aníbal esperaba que su matrimonio durase poco,la viudez o cualquier cosa que dejase a Adriana sola e indefensa en el trono de Siracusa,ahí habría querido asestar su movimiento al desposarse en segundas nupcias con su propia medio hermana y ser rey consorte....aunque se habría desecho de ella una vez casados y hubiese gozado del cuerpo de la romana teniendo para él el trono de Bitinia y Siracusa,y en cuanto a esos mocosos deshacerse de ellos. Pero ahora las tornas habían cambiado pero había otra carta que podía jugar; Aradna. Era la segunda en línea de sucesión,si mataba a Sadik,Aradna se convertiría en la heredera del trono,así que debía de convencer a Aníbal para que le diese la mano de la princesa de doce años para que en tres fuese su mujer,cuando Aradna tuviese quince años.


-"Sea como sea conseguiré el trono de Siracusa"-.pensaba Cielas esa noche antes de la cena en su alcoba,le importaba más bien poco su medio hermana,y el incesto tampoco le importaba mucho y más que en la familia de Adriana el incesto se practicaba.
Un poco más tarde Cielas estaba reunido con Aníbal y Adriana en la cena,de los príncipes solo estaban Sadik y Aradna.

-Si no me equivoco decían que teníais tres hijos,mi rey,Aníbal lo miró sin muchas ganas.

-Mi hijo menor se encuentra demasiado cansado,por lo que ha decidido descansar.

-Mañana mis hermanos y yo partimos hacía el norte,el límite entre las Doce Ciudades con las pocas tribus sicanas y recoger unos tributos.- demasiado inocente era Sadik,tanto él como sus hermanos iban a recoger los tributos algo que no era muy peligroso,no pensó que Cielas pudiese maquinar algo en contra de ellos.

-No he podido evitar ver el símbolo a nuestras espaldas,¿es de algún dios cartagineses?

-Baal Hammón. Hace poco mi esposo ha vuelto victorioso de una campaña militar en Cesetania y volvió victorioso.- Aníbal se levantó de su asiento e inspiró profundamente antes de hablar con voz solemne y potente para que todo le escuchasen,Adriana le había cedido el honor ya que él imponía más.

-Demos todos la bienvenida a Siracusa al príncipe Cielas de Bitinia,no ha podido venir en mejores fechas debido a la reciente victoria de Cartago en Cesetania,sé que aquí los nobles siracusianos no les importará que sangre cartaginesa tiña ahora la tierra de Iberia,pero pensad antes que cuanto más poder obtenga Cartago,mayor aliado será de Siracusa,más comercio habrá y mayor poder militar habrá.


-Los dioses han intervenido en favor de nuestras,si no me hubiesen impedido volver al lado de mi esposa,vuestra reina,y poder recibir a tan ilustre visita.- Aníbal se acercó a Cielas y sólo en señal de bienvenida,no de amistad,le dio la mano a Cielas.




-Es un honor que tan ilustre general y un gran rey.- sonrió Cielas.- Sois un hombre afortunado,tenéis no uno si no dos descendientes varones,una hermosa hija y una esposa bellísima. 

-El mérito no es mio del todo,mis hijos pasaron nueve meses en el vientre de su madre,y quien los parió fue ella.

-Interesante tema de conversación mi vientre y mis partos- intervino Adriana con una leve sonrisa,algo más animada que esa mañana.

-Y espero compartir esa fortuna si me dejaseis desposar a Aradna.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Invictus: "¿Hermano?"

Los días transcurrían lentos en Siracusa,era a veces relajante,otras no debido a que Aníbal y Adriana tenían muchas obligaciones,sus hijos aprovechaban para estudiar,incluso Sadik por mera diversión y porque era curioso por naturaleza,además de que él debía de seguir su instrucción como rey.
La herida del ojo de Aníbal parecía que había sanado,los supersticiosos de la corte siracusiana habían visto con mal augurio que su rey hubiese sido herido en una batalla,pero como chiste privado entre Aníbal y Aderbal el parche que tuvo que llevar Aníbal lo escogió de color rojo en honor al ojo de Melkart. Temía que algo malo hubiese pasado y perdiese el ojo,una infección repentina o cualquier cosa que pudiese costarle, ese temor que compartió con su esposa Adriana,ella siempre le comprendía y le apoyaba cuando mostraba su temor,algo que odiaba porque se veía débil y blando,aunque con su familia era ahora más abierto seguía pensando que mostrar ciertas emociones le hacían débil.

-Déjame ver...- le dijo Adriana con ternura,quitandole el rojo parche del rostro para ver si la herida ya había cicatrizado y si la visión de Aníbal no había sido afectada por aquella herida. Estaba perfecto. La herida había cicatrizado perfectamente y lo primero que vio Aníbal con ese ojo fue el bello rostro de Adriana,su dulce esposa,su regalo de los dioses. Dulcemente Adriana empezó a acariciar las mejillas de Aníbal,sonriendo íntimamente,estaban solos en las penumbras de su alcoba,sentados sobre la cama en esa tranquila noche iluminados solo por lámparitas de aceite.


-Lo primero que deseaba ver con ya mis dos ojos sanos ha sido justamente lo que deseaba.- susurró con voz ronca,cargada de sensualidad antes de tomar con su habitual rudeza los labios de Adriana,por muchos años que pasasen esa pasión no se apagaba si no al contrario,parecía intensificarse.

Los reyes gozaron esa noche de las miles del amor,piel con piel,sudores mezclados,puro sexo y cariño a partes iguales,rudeza y mimos al mismo tiempo. Durmieron esa noche abrazados,bueno Adriana durmió,Aníbal dormía poco rato y se entretenía en acariciar los negros cabellos de Adriana y la suave piel de su mujer.

-Mi reina- se oyó a Lucius golpear a la puerta una vez el sol empezó a manifestarse en el cielo,Aníbal se levantó dejando dormir a su mujer y se vistió para recibir a Lucius,de mala gana pero lo hizo.

-¿Qué?- preguntó ásperamente Aníbal a Lucius,él soldado se encogió un poco,le asustaba un poco su rey.

-Mi rey....ha llegado una misiva de que ha atracado en el puerto para hablar de tratos comerciales con la reina Adriana el príncipe Cielas de Bitinja.- la tez morena de Aníbal palideció ante aquel nombre,¡¿ahora que estaban Adriana y él tranquilos tenía que venir a tocar los cojones Cielas?! 

-Hablare con mi esposa cuando se despierte.

Menos de veinte minutos más tarde Aníbal había despertado a Adriana y le dijo lo de Cielas,a Adriana medio dormida le costó un poco procesar la información,pero cuando lo hizo sus labios se apretaron formando una fina línea rosa,era una mezcla de ira y decepción,la parte positiva era que en Siracusa encontró los diarios de su madre y salía que Cibeles conocía el bastardo de Marcus,y que quería que Marcus diese su nombre a su hijo con Roxana,que estaba dispuesto a aceptarlo y amar al desliz de su marido de una noche de borrachera a manos de la lujuriosa reina bitinia.
Pero sacando el orgullo romano,a la hora en que el príncipe bitinio iría al palacio para hablar sobre unos acuerdos comerciales que saldrían beneficiadas Siracusa y Bitinia. Siracusa y toda Sicilia tenía el trigo más cotizado del Mediterráneo,Siracusa era la polis siciliana más importante de toda la isla y era lógico que Bitinia ansiase el comercio con Siracusa.


Cielas acudió puntual a la hora que dijo en la misiva que se presentaría ante Adriana y Aníbal. La mujer parecía tranquila pero cuando vio a Cielas noto que la furia del monte Etna se concentraba dentro de ella. 
Ambos sabían el parentesco que les unía,sabían que eran medio hermanos,aún así Cielas la había pedido en matrimonio antes de saber que Adriana había sido prometida a Aníbal.

-Los dioses estén con vosotros,reyes de Siracusa,mi señora,sois en verdad más hermosa que la diosa de la belleza Diana.- dijo Cielas tratando de parecer cortés,pero el desconocimiento del panteón romano le hizo meter la pata.

-Querrás decir Venus- contestó pausadamente Adriana,provocando las leves carcajadas de los presentes,incluso Aníbal sonrió levemente. Cielas clavó sus ojos hirviendo de molestia en Adriana,Cielas era famoso por ser cruel con quien se burlaba de él,algo que le solía pasar a menudo por tratar de pasar por encima de los demás creyéndose el ombligo del mundo y el más sabio de entre los sabios cuando no lo era.



-Lamento la confusión,mi señora- "mi señora" le salió forzado,hubiese querido decirle "hermanita" para deshonrar al padre de ambos y a su linaje reconocido,pero eso habría sido una estupidez porque hubiese sido llamarse asi mismo bastardo.

-Sois extranjero,así que la confusión de los dioses de Roma es un mal menor.

-De verdad que sois comprensiva,mi reina,vuestros dioses os hicieron perfecta.

-Dudo de serlo.- un bajo gruñido salió de la garganta de Aníbal,había calado el que Cielas estaba tratando de ganarse el favor de Adriana mediante halagos.

La reunión fue corta porque los reyes debían de atender otro asunto,de modo que Cielas se convirtió en un invitado incómodo para todos,Cielas odiaba a su medio hermana por el desprecio cuando rechazó la propuesta de matrimonio y por esos aires soberbios que se traía.

-"Hermanita,tu futuro será amargo".

sábado, 15 de noviembre de 2014

Invictus: "La primera impresión"

Sicilia había sido conquistada por los romanos,hacía siglos que aquella isla pertenecía a los griegos,pero ahora era de Roma. Cartago y Roma se la habían disputado en  una larga guerra porque quien controlase Sicilia controlaba el Mediterráneo tanto de manera militar como comercial debido a su posición privilegiada. La guerra había acabado con la victoria romana sobre los cartagineses,todas las ciudades-estado sicilianas ahora le debían sumisión a Roma,sobretodo las tres más importantes; Palermo,Catania y Siracusa,esta última era la joya de la corona,y con una rareza inusual en su corte griega: los reyes eran romanos. Hacía un par de décadas que la dinastía de la realeza griega se unió con una familia romana llamada Meredio y de ahí se impuso la dinastía Meredio en Siracusa,romanos sentados  en el trono de Siracusa,romanos mezclados con griegos,pero no fue hasta hacía unos años que estos reyes grecorromanos vieron la balanza inclinada hacía Roma pues la futura reina Cibeles desposó a un joven rico llamado Marcus. De modo que para Siracusa en la cuestión de la monarquía seguía igual,al menos legalmente pero tras la muerte de Cibeles entró a reinar un primo suyo,el tirano Dionisio,quitandole el trono a la legítima princesa: Adriana.  
Ahora que Siracusa ya no estaba bajo el yugo de Cartago,ya que había sido casi conquistada,Roma quería que Cartago firmase un tratado de paz y pagase tributos a Roma. Pero el acceso a la firma se consiguió gracias a una cláusula de las condiciones: que la heredera siracusiana fuese desposada con un cartaginés,esta cláusula fue impuesta por el general cartaginés Aníbal Melkart,quería a Adriana por esposa.

Julius,cónsul de Roma y prematuro abuelo de la joven accedió pero Aníbal tenía que ir a Roma a verla,a examinar el pago por la paz. Cuando Adriana supo esto casi cayó en una depresión,se sentía una mera moneda de cambio,un premio que se ganaba o se perdía,al principio se negó,gritando histérica que no iba  casarse con un general enemigo con fama de bárbaro,que se haría vestal o se casaría con Adelphos,su primo. Pero no le quedo otro remedio que acceder.

Apenas pudo dormir la noche antes del día señalado en el que Aníbal iría a su villa a verla,a examinarla,a ver si merecía la pena.

-Domina,despierta- se escuchó golpear la puerta de sus aposentos,era Claudia,su niñera que era como la madre que no tenía,la adolescente se hizo un ovillo bajo la sábana,fingiendo estar dormida.

-Adriana tengo que bañarte y prepararte,hoy es el día.

-No quiero.....

-Abre,niña mía esto es por la paz.- "Que se case Julius o Selene por la paz en vez de haberse casado entre ellos" pensó rencorosa Adriana,se levantó y abrió a Claudia,quién llevaba en los brazos dos vestidos,uno rojo y otro púrpura.

-El rojo para ahora y el púrpura para la noche.

-Preferiría ir de negro....esto es como mi funeral.

-Eres aún una niña de quince años,no pienses en la muerte- Claudia la llevó al baño,donde estaba la tina rebosante de agua tibia,cerca había unos perfumes para ungir su cuerpo,Adriana suspiró y se quito la túnica para meterse en la tina,sus negros cabellos ondulados caían graciosamente sobre el agua y de inmediato Claudia empezó a lavarlos.

-Es mayor que yo veinte años.....Claudia....

-El amo Julius y la domina Selene sin familia y se llevan más años.

-Pero se aman.

-Adriana,el amor no tiene nada que ver aquí,es mayor que tú y un guerrero quizás pronto quedes viuda y más rica,podrías desposarte con el príncipe Cielas de Bitinia,es un años mayor que tú- Adriana se estremeció,Cielas y ella se vieron una vez y no le gusto la crueldad en sus ojos. Ayudada con la mano y con el agua de una jarra de plata Claudia prosiguió lavando el jabón de los cabellos de la princesa,ese día debía lucir mejor que nunca,que Venus la odiase de lo bella que debía de verse,cosa no muy difícil,Adriana era un manjar inocente para cualquier hombre,virginal y pura,ojalá Aníbal la tratase bien.

Mientras Adriana se preparaba,Julius junto con otros miembros del senado y sus respectiva mujeres en el atrium,entre ellas estaba su adorada esposa Selene,aguardando a los púnicos.


-Ojalá no se retrase.- murmuró Julius,Selene se adelantó y toco con dulzura el brazo de su marido.

-Tranquilo,mi sol y estrellas.- Julius la miró tiernamente,aquel término le derretía,si él era su sol y estrellas,ella era la luna de su vida. La espera no fue a más porque pronto llegó Aníbal a caballo,acompañado de su fiel capitán y su más fiel amigo Aderbal y unos pocos soldados,no llegaban a diez y con ellos iba una mujer muy hermosa.

-Salve,Aníbal- dijo Julius - Me recordaras,Julius Augustus.

-Te recuerdo.- dijo en un perfecto latín Aníbal mientras se apeaba del caballo y ayudaba a la mujer que venía en la grupa de su caballo.

-Ellos son otros miembros del senado- eran cuatro hombres- Sextus,Gaius,Antonio y Tito.

-Mi capitán Aderbal y mi hermana,Dido.

-Un placer,senadores- dijo Dido también en un perfecto latín,las otras mujeres a excepción de Selene murmuraron sobre la cartaginesa quien tenía un porte altivo y orgulloso además de realmente atractivo,y se veía segura de si mismo por ponerse a la altura de su hermano.


-Desconocía que tuvieses una hermana,Aníbal.

-Se empeño en venir.

-No todos los días mi hermano vuelve a tomar esposa- Dido termino la frase cuando de la puerta de la mansión salió Adriana acompañada por Claudia,Adriana iba con el pelo recogido y un hermoso vestido fino de color rojo,un color que indicaba importancia y riqueza,muy propio de loa patricios romanos,mientras que el púpura era para la realeza. Aníbal miró a la joven y su rostro no expresó emoción alguna,pero por dentro su corazón latió con fuerza,si que había crecido hermosa aquella niña que salvo en Siracusa,se alegró de ver que ese gato escuálido se había convertido en una bella mujer. Cara redondeada,labios finos,piel de porcelana....

-Aquí esta. Aníbal,te presentó a Adriana,la princesa de Siracusa- Julius tomó  a Adriana por el brazo y la puso delante suya,para que Aníbal la viese bien. El púnico pudo ver el gesto de miedo en el rostro de la muchacha,Adriana estaba sorprendida,era realmente atractivo,no como le había imaginado,de piel morena,pelo ligeramente ondulado y de color negro azabache sin una sola cana,barba fina que le daba aspecto viril pero sin afearle y lo más sorprendente eran sus negros ojos eran atrayentes,fríos pero ardientes. Unos ojos que traían a  la mente de Adriana recuerdos de aquella fatídica noche de la muerte se su madre,pero la atraían de una manera increíble,tanto que sus piernas temblaro.

-¿Es muda acaso?- preguntó súbitamente Aníbal a Julius,quién se quedo extrañado por la pregunta.

-Es muy tímida. Adriana.....- murmuró con voz autoritaria para que la joven dijese algo,Adriana tragó saliva antes de hablar.

-S-salve....general Aníbal....- murmuró con un hilo de voz Adriana.

-El pago merece la pena.

-¿Te gusta hermano?- preguntó Dido,sonriendo a su futura cuñada sinceramente,esa chiquilla romana no era más que eso,una chiquilla asustada.

-No es fea- "¿Solo no es fea?" se preguntó más de un presente,Tito por ejemplo que hacía tiempodesde que las mellizas Adriana y Selene se desarrollaron,las miraba con ojos poco paternales,pero al menos le gusto al cartaginés que era lo importante.
El día transcurrió,los romanos agasajando a los púnicos porque ese matrimonio garantizaba la paz,pero Aníbal no cruzó palabra alguna con ella,no hablaron más que el saludoy poco más,de hecho ni se sentaron juntos cuando comieron ni nada. Pero la observó todo el día, le parecía una  niña tímida,triste.....de hecho la vio llorando en un momento que se creía sola con su esclava Claudia,notablemente asustada. Dócil,hermosa.....por una parte ansiaba el arrancar esas ropas y hacerla mujer pero por otra el rodearla con sus brazos y protegerla se todo mal.


Más tarde en la cena,Julius hizo la pregunta que todos deseaban conocer la respuesta. Aníbal lo miró fijamente,ambos se mantenían la mirada con evidente rencor,era una humillación tremenda para Julius el agasajar al asesino de su hijo y su esposa y encima entregarle como mujer a su nieta mayor.

-¿La tomarás como esposa?

-Mandadmela a Cartago,es justo que vaya a su futuro hogar antes de la boda-eso había sido un si,la iba a tomar por esposa. -Siempre que ella no diga lo contrario- levantó su mirada hacía el frente,donde estaba Adriana sentada junto a su hermana, palideció ante la pregunta,la muchacha lucía ahí el vestido púrpura,marcando su estatus de sangre real.

-Sí....- y por aquella fuerte atracción que estaba empezando a sentir....
Los temas siguientes fueron el buscar fecha para la boda,en Junio,mes consagrado a Juno,reina de los dioses y diosa del matrimonio. Pacto que Aníbal no cumpliría porque desposaría antes a Adriana. Y por los dioses lo que había aguardado nueve años no iba a esperar mas.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Invictus: "Consuelo"

(Perdón por tardar tanto,me siente más absorbida mi blog secundario pero este sigue siendo mi preferido. Perdón)

Los días transcurrían y Sadik seguía sin levantar cabeza de su tristeza,el joven príncipe sentía su corazón carcomido por el dolor,lo peor es que Séfora ni fue a buscarle a su casa sabiendo que había vuelto a Cartago,eso demostraba lo poco que le había importado. Desde aquel momento Sadik enfrió su corazón ante el amor,ninguna mujer que no fuese de su familia merecía su amor,eso no declaraba que fuese a practicar incesto,ni pensarlo,solo que no se abriría al amor.
Se sintió un poco mejor cuando tuvieron que abandonar Cartago para ir a Siracusa,su futuro reino,eso de pasar medio año en Cartago y medio en Siracusa era un medio bastante equilibrado para todos. Lo mejor es que Fabio y Ailis aprovechando la cercania entre Catania y Siracusa iban de vez en cuando junto a sus hijos Lucrezia y Dafnis ,sobretodo se divertía al ver a sus primos Aníbal y Âkil tratando de encandilar a las damas del palacio,aunque Âkil tuviese tras de si todo el día a Lucrezia.

Adriana noto en esos días el estado de ánimo de su primogénito,Sadik normalmente alegre y vivaracho estaba con la cabeza gacha y el ánimo por los suelos,pero no había podido hablar con él porque en cuanto sacaba el tema Sadik se cerraba en banda. Así que aprovecho la primera noche en Siracusa en que su hijo estaba despierto y solo en sus habitaciones para ir a verle y hablar con él.

-Sadik,¿puedo?- preguntó Adriana tocando a la puerta.

-Claro madre- Adriana abrió y se encontró a Sadik en el balcón,mirando el inmenso mar,era algo que les caracterizaba a ella y a su familia; el amor al mar.

-¿Cómo esta el mar esta noche?

-Tranquilo,madre,este mar esta dominado por Cartago,al menos la parte occidental,pero ganaremos algún día la oriental.- Adriana se mordió el labio inferior,oriente....en oriente estaba Bitinia....el reino de su hermanastro.

-Naciste entre dos potencias enemigas,pero sin embargo has encontrado el equilibrio,eres tan hombre romano como cartaginés.

-Agua de mar y agua del Tiber corren por mis venas,lo sé.

-Y según cuentan los poetas sangre divina,Marte y Venus.

-No has venido a hablarme de eso,¿verdad?- tan perspicaz como siempre,una leve sonrisa se dibujo en los labios de Sadik. Adriana se situó a su lado y le acarició la mejilla que estaba cubierta por una fina barba de tres días.

-Quiero saber que te aflige desde que volviste de Iberia.

-Madre....

-Tú padre y yo estamos preocupados,ya no sonríes,ya no....

-Mamá.....Séfora me ha estado engañando todo este tiempo con otro- el rostro de Adriana palideció,así que era eso....¡qué zorra aquella mosquita muerta! Se apresuró a estrechar a su hijo entre sus brazos,aunque ahora era un soldado para ojos de Adriana seguía siendo su niñito indefenso,quería protegerle de todo mal.

-Mi niño....no te preocupes,encontrarás a otra chica,romana o púnica,incluso íbera que te hará feliz,que cure tus heridas.

-Mamá,no.....no quiero arriesgarme,no....aún no quiero....quiero centrarme en mi carrera militar y en prepararme para ser rey.- a pesar de que trataba de ser duro,se acurruco contra su madre,aspirando su olor,su perfume floral.

-Tu padre también sufrió por culpa de un matrimonio concertado cuando tenía tu edad....y yo al principio cuando me case con él a esa edad.

-¿Tú sufriste?

-Sí. Tu bisabuelo,Julius pareció exhibirme como una oveja para su compra*,él y el senado estaban desesperados porque Cartago firmase el tratado de paz tras perder Sicilia y querían una alianza matrimonial. Me sentí una moneda de cambio pero surgió el amor y tu padre es el hombre al que amo,nunca podré enamorarme igual. Pero mi pequeño gran hombre,tú conocerás el verdadero amor de otra forma,con libertad,no te obligaremos  a casarte con ninguna princesa,tu elegirás a la adecuada cuando la encuentres.- Sadik besó la mejilla de su madre con infinito amor,¿qué sería de él sin sus palabras de mimos y apoyo? ¿Sin su cariño?

-Hablando de heridas,sé que tu padre ordenó azotarte por indisciplina,pero luego me contó que fuiste provocado. Quiero ver tus heridas y ver si están mejor- Sadik se descubrió el torso y giró sobre si mismo para que viese que estaba mejor pero a veces se reabría alguna cicatriz y sangraba un poco.


-Por todos los dioses....ahora ordeno que te manden a un médico y te vuelva a poner algo,pero esta mejor de lo que creía.

-Solo se abre la herida si me rasco mucho o incluso en el baño con la esponja,no es nada,llegue a tener regueros de sangre. Voy a acostarme ya,el viaje ha sido agotador.

-Esta bien,buenas noches cielo,y no quiero verte mal por esa,vales oro Sadik,pero no por tu título o tu linaje,si no por lo que eres.

-Gracias,mamá- Sadik le dio a Adriana un beso en la mejilla,sonriendo por primera vez en días,a la porra Séfora,se centraría en su vida de soldado y en instruirse como futuro rey de Siracusa,quería enorgullecer a su familia.

Adriana de camino a la alcoba conyugal donde le esperaría su esposo,el deseo no se apagaba a pesar de tantos años de matrimonio,se acordó de cuando Julius la presentó ante Aníbal,de cuando Aníbal fue a la propia Roma a verla.

(*Aprovecho esta segunda parte para corregir algunos errores e ideas de Suavis Inimicitia,como por ejemplo como fue el primer encuentro de Adriana y Aníbal)