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sábado, 31 de mayo de 2014

Suavis Inimicitia: "Recuperación y el primer "Te amo""


Pasaron los días y las semanas y Aníbal dio sus primeros pasos aún convaleciente apoyado en Adriana,quién pudo con él cuando sin querer le echaba el peso encima. Lentamente se iba recuperando. Así que fue una auténtica alegría para Adriana cuando una mañana despertó y vio a Aníbal levantado,vestido y apoyado en el balcón cómo hacía siempre,mirando el mar.

-¡Te levantaste!- exclamó Adriana levantándose del lecho para ir a abrazar a su marido,Aníbal se dejo abrazar por su esposa,le debía el estar recuperado a ella.

-Sí....te lo debo a ti,princesa- le dio un pequeño toque en la punta de la nariz de manera algo cariñosa,aunque no se noto mucho.

-Pero aún estas muy débil para volver a luchar....

-Lo sé. Adriana,voy a hablar con Dido para ir a ver a Sofonisba.- Adriana abrió la boca notablemente sorprendida,¿de verdad iba a dejar su orgullo de lado momentáneamente? Quizás así podrían hacer él y Dido las paces con su tía,y estar la familia más unida.

-¿Y eso?

-Curiosidad,además...quiero saber si me dice algo de mi madre....- Adriana apoyó la cabeza en el hombro de su marido,sabía que Aníbal había añorado a una madre,al menos ella tuvo a su madre a su lado seis años. -Adriana,quiero preguntarte una cosa.

-Dime.

-¿Realmente me amas?- preguntó a bocajarro el cartaginés.

-Sabes que sí - Aníbal se giró para mirarla y tomo su rostro entre sus manos para besarla de esa manera tan apasionada y ruda que le caracterizaba tomando los carnosos y tentadores labios de su esposa,esos labios que le pedían a gritos que fuesen besados por él era un beso superficial y Aníbal no tardo en profundizarlo,acariciando con su lengua el labio inferior de Adriana,quién gustosa abrió su boca para profundizar el beso,sus lenguas se entrelazaban en un juego demasiado provocador,pero a la vez había cierta ternura.

-¿Y tú podrás llegar a amarme a mí- preguntó Adriana tras romper el beso y apoyar la cabeza en el pecho de Aníbal para tratar de regularizar su respiración,aún estaba un poco mareada por el intenso beso.

-¿Alguna vez hubo necesidad de decirlo?

-Sí,la hubo.

-En el nombre de la poderosa Tanit....-murmuró el cartaginés a la vez que se ruborizaba ligeramente y desviaba la mirada.- Te amo,¡ya lo dije! No esperes que lo vuelva a repetir.- Adriana se quedo helada al oírle,no pudo evitar ruborizarse y sonreír,¡era la primera vez que se lo decía! No sabía como reaccionar ante sus palabras,de modo que se hecho a sus brazos y beso intensamente.

-Pero prefiero demostrártelo. Déjame agradecerte todo lo que has hecho por mi,esposa. ¿Cuánto hace que no te doy placer?- Adriana se ruborizó notablemente,aún anonadada porque por fin le había dicho que la amaba pero ¿tenía que ser tan directo a la hora de hablar del sexo?

-Pues....antes de que te enfadases conmigo....pero aún estás muy débil....

-Solución sencilla. Dominame tú esta vez.

-¡¿Qué,qué?!- preguntó Adriana poniéndose tan roja como la sangre,¡¿por qué Aníbal tenía que ser tan bruto?! Cómo única respuesta,y muerta de vergüenza,escondió la cabeza en el pecho de su marido.

-¿De qué te avergüenzas,mujer? Te estoy dando la oportunidad de que domines tú por una vez,gatita. Tengo ganas de tomarte pero no puedo dominar.

-.....Esta bien....- murmuro Adriana muerta de vergüenza. La pareja entro en la habitación de nuevo,Aníbal dio un leve quejido de dolor al tumbarse en la cama,pero ese dolor no era nada en comparación con todo el dolor por el que había pasado,además todo el dolor se esfumo momentáneamente al sentir el suave cuerpo de Adriana subido encima suyo.

-¿Seguro que puedes?

-Que si,abajo no tengo nada.- Adriana le calló dándole un beso en los labios,totalmente correspondido por Aníbal en un beso profundo,la lengua femenina se introdujo en la boca del general y comenzó a acariciar su lengua. Las manos del hombre no se quedaron quietas,bajaron por la espalda de Adriana hasta su culo,lo agarró y apretó con algo de fuerza,cosa que no molestó en absoluto a Adriana,si no al contrario.
La mujer se incorporo un poco,rompiendo el beso,dulcemente acarició el rostro de su marido,raspándose levemente con su barba,sus manos se deslizaron por su cuello,sus fuertes hombros hasta el pecho de su marido,enredándose sus dedos levemente en el vello tan negro cómo el ébano del pecho de Aníbal,pasando con desesperante suavidad las uñas,mientras él subió sus manos hasta los tirantes del vestido y los bajaba para descubrir los deseables pechos de su mujer,sus manos pronto fueron sustituidas por su boca,devoraba uno de los pechos mientras amasaba apasionadamente el otro seno.
Unos instantes después Adriana aparto la cabeza de Aníbal para volver a fundirse en otro apasionado beso,la romana movió levemente sus caderas,rozándose contra el abultado bulto que se formo en la entrepierna,arrancándole un gemido a Aníbal. Entonces ella se deslizo suavemente sobre su tórax,sus labios dejaban una estela de besos mientras llegaba a su bajo vientre. La ropa del cartaginés se esfumó,pero Adriana no estaba para juegos,aparte de que aún tenía ciertos reparos a dar el sexo oral,aunque ya bastante menos. Pero conocía que su marido estaba ansioso por hacerlo y tampoco estaba para juegos dado el tamaño de su erección. La romana se deshizo del vestido y de la ropa interior,quedando también desnuda ante los ojos de Aníbal.
Adriana se puso a horcajadas sobre Aníbal y rozó la punta del miembro del cartaginés,húmedo y duro como una piedra,contra sus labios vaginales,también la vagina de la romana estaba húmeda,deseosa de él. Aníbal puso sus manos en la cintura de Adriana y la empujó con fuerza hacia abajo,para que se introdujese de golpe en sus entrañas. Ella dio un gemido de placer al sentir de golpe el gran miembro de su marido llenarla de golpe,pero le gusto bastante.

-Eh....mandaba yo.....-murmuró Adriana con una sonrisa en su boca entre abierta a la vez que un gemido salia de su boca.

-Mentí....un poco....-la mujer empezó a mover sus caderas,al principio con suavidad para ver si le molestaban los movimientos,pero pudo comprobar por la expresión de placer de su marido que no si no que al contrario,de modo que sus movimientos pélvicos aumentaron,botando con fuerza lo sentía tan profundo...¡era delicioso!
Aníbal cerró los ojos disfrutando de la calidez y la humedad que envolvía su miembro,estar así,en la cama y disfrutando del sexo con Adriana le gustaba y demasiado. ¡Joder,parecía una amazona! Se movía bastante bien,con fuerza,otorgándole placer a los dos. Adriana no sólo se conformaba con moverse de arriba a abajo,si no que uno un instante en el que se quedo quieta y movió sus caderas de manera circular,sorprendiendo a Aníbal,todo esto acompasado por gemidos y jadeos de placer.
¿De dónde había aprendido eso Adriana? Fácil, Dido le había aconsejado cómo darle placer a su marido,tanto en el sexo tradicional como en el sexo oral.
Entre el tiempo de castidad y lo brusca que era Adriana no tardaron en alcanzar el clímax,Adriana noto el chorro cálido y espeso del semen de su marido inundado sus entrañas entre el placer que estaba sintiendo acabo alcanzando el clímax,mojando la pelvis de su marido.
Adriana se dejo caer encima de su marido,tratando de no darle en las heridas,se miraron con una mezcla de amor y satisfacción.

-Te amo....-susurró Adriana.

-Y yo a ti.



martes, 27 de mayo de 2014

Suavis Inimicitia: "Lenta recuperación"


Lentamente Aníbal se iba recuperando gracias a los cuidados de Adriana,cuando supo que fue ella la que le vendo y la que lo había atendido,pidió que fuese ella la que siguiese haciéndolo,cosa que a Adriana no le molestó,si no al contrario.
Un médico solía ir una vez a la semana a ver al general,se sorprendió notablemente al ver que Aníbal mejoraba mejor de lo que esperaba,aunque las heridas tardarían en cicatrizar y dejar de dolerle,había sido una intervención divina el que las flechas no le hubiesen matado,estaba claro que los dioses querían que Aníbal viviese.
Los niños cuando vieron a su padre,literalmente se lanzaron a abrazarle,dándole sin querer de lleno en las heridas. Aníbal reprimió un grito de puro dolor,¡malditos críos a los que quería!

-Mocosos....soltadme.....en el nombre de Baal....-pidió con un hilo de voz sintiendo como si le echasen sal en las heridas.

-Perdona padre- dijo Sadik retirándose,su hermana también lo hizo y ambos niños se quedaron mirando fijamente a su padre,parecía un león herido,orgulloso pero vulnerable a la vez,pronto su padre volvería a ser como antes de fiero.

-¿Estás mejor,padre?-preguntó el mayor con preocupación por las heridas de su padre,a pesar de sus seis años pudo darse cuenta al instante de que algo grave le pasaba a su padre,sobretodo al ver que su madre no podía estar con ellos ni con Amílcar.

-Sí,la propia muerte me teme,hijo- afirmo con sumo orgullo Aníbal,sus hijos habían heredado de él el orgullo fiero,el orgullo que todo hijo de Cartago tenía corriendo por sus venas.

-¿Te duelen mucho las heridas?- preguntó Aradna con suma curiosidad,la niña miro a su padre con la inocencia propia de su edad. Aníbal acarició los cortos cabellos azabache de su única hija,realmente sus hijos estaban preocupados por él y no debía darles motivos.

-Un poco,pero un guerrero lo soporta.

-¿Viste a la muerte?-preguntaron los dos niños,el general puso los ojos en blanco y no pudo evitar soltar una risita ronca.

-La muerte me teme,además,gracias a vuestra madre estoy mejorando- la mirada de Aníbal paso a la puerta donde estaba su dulce mujer llevando a Amílcar en brazos,quién estaba entretenido jugando con la cadena de oro que llevaba ella al cuello,aquella cadena con una imagen de Baal que llevaba desde siempre. La escena fue interrumpida por la alocada aparición del joven Aníbal,que se lanzó a abrazar a su tío de manera muy efusiva,dándole también de lleno en las heridas.

-¡¡¡AYYYY!!!¡¡¡¡TE MATARÉ ENGENDRO SALIDO DE LAS ENTRAÑAS DEL INFRAMUNDO,TE MÁS CUIDADO,JODER!!!- bramó Aníbal muy muy dolorido y a la vez que le daba un fuerte empujón a su sobrino para quitárselo de encima y que dejase de tocarle las heridas.

-¡Perdona,perdona tío! Es que estoy tan feliz de que no te mueras,aunque tenías todas las posibilidades de morirte.

-¡Qué te follen! ¡Te mataré y te enterraré en una tumba poco profunda para poder desenterrate y volver a matarte!¡Adriana quítame a este ser de encima!- Adriana acomodó a Amílcar en un brazo y con el otro cogió a su sobrino de la túnica y le dio un tirón para que soltase a Aníbal. Al menos el filósofo sólo tuvo que aguantar amenazas de muerte y gritos porque el general aún estaba convaleciente.

-Ahora en serio,¿cómo estás?- preguntó el filósofo ya notablemente más calmado,el general inspiró profundamente y contó mentalmente hasta diez para no volver a pegar un chillido a su sobrino mayor. Milagrosamente esta vez funcionó.

-Me duelen mucho las heridas,estoy también muy débil....por cierto,¿qué vas a hacer tú con tu vida?

-No te entiendo....

-¿Te vas a quedar en Cartago,en casa o te quieres volver a Atenas?- el joven se quedo largamente callado,había pensado en quedarse en Cartago,pero era cierto que sus abuelos Hefestión y Alcmena estaban en Atenas.....

-Pues.....no lo había pensado....aquí estáis vosotros,los niños,los demás tíos....pero en Atenas están mis abuelos Hefestión y Alcmena....

-¿Podrían venirse a Cartago?- intervino Adriana suavemente,sentándose en la cama al lado de ellos,Aníbal apoyo la cabeza en la almohada para mirar el techo,era una opción que no había pensado,pero sería meter dos extraños en su casa,su sobrino era de su sangre pero sus abuelos a él no le tocaban nada.

-No lo había pensado,pero la decisión es de él- señalo con la cabeza a su sobrino,los niños mayores estaban atentos a la conversación aunque se había ido a jugar al suelo de mármol,le habían cogido cierto cariño a su primo mayor,tanto ellos como Âkil le apreciaban. Aníbal con Âkil había resultado ser como un profesor particular de heleno porque el idioma griego le costaba un poco al joven cartaginés. Âkil además estaba dando grandes progresos con la pre- instrucción militar,en dos años entraría en el ejército de verdad,ocuparía el lugar de Élbir ya que Élbir sería ascendido y ya no sería del grupo de los más jóvenes,ya no sería soldado raso (Élbir tendría aquí veintidós años cómo Adriana).

-Me quedo con vosotros,y cuando pueda traeré a mis abuelos para que vivan aquí.

-¿A qué se dedicaba tu abuelo?- preguntó curiosa Adriana,el filósofo sonrió ampliamente.

-Es banquero.

Durante el día fue más o menos igual,ya que Aníbal no podía aún levantarse del lecho debido a que seguía muy débil. Además Dido fue a ver a su hermano y no pudo evitar hacer una broma al ver a su hermano teniendo que ser cuidado por su mujercita.

-Vaya,vaya,así que este cuerpo tan grande y pesado no será pasto de los gusanos.- rió la mujer dándole un pequeño golpe en el hombro que no tenía herido.

-No tiene gracia,hermana- gruño Aníbal a la misma vez que su hermana mayor le despeinaba con gesto divertido, se lo hacía cuando podía desde siempre.

-No me trates como un niño....-se quejó el general,siempre su hermana le trataba como un niño cuando el no podía defenderse.

-Pero esta vez,muchachito,quien te va a cuidar no voy a ser yo,si no tu linda mujercita.

-Oh,tranquila querida Dido,le cuidare muy bien,de eso seguro. -ambas mujeres se echaron a reír a la misma vez que el hombre suspiraba resignado de lo que podían hacerle ellas.







jueves, 22 de mayo de 2014

Suavis Inimicitia: "Confesiones entre hermanos"



Cuando había anochecido,Aderbal decidió subir a la alcoba de su cuñado y su esposa,llevándose consigo un plato de caldo de carne para que Adriana comiese algo. Cuando entró y vio la tierna escena de Aníbal abrazando a una dormida Adriana ,ambos tumbados en la amplia cama,Aníbal seguía desnudo de cintura para arriba con las vendas cuidadosamente puestas y Adriana estaba envuelta con la capa carmesí del uniforme de Aníbal a parte del vestido. Aderbal no puedo evitar alegrarse,sobretodo al ver a su hermano de leche despierto.

-¡Aníbal!- exclamó Aderbal dejando la comida encima de una mesa y se acerco a la cama matrimonial donde estaba la pareja. -Gracias a Baal,deberías estar gritando,quejándote,exigiendo vino o lo que sea.-dijo Aderbal para tratar de animar a su hermano.

-.....no grites....esta dormida por fin.....

-Deberías descansar,estás muy débil.

-.....¿Cuánto llevó durmiendo?

-Tres o cuatro días. ¿Tienes hambre?- Aníbal asintió levemente y Aderbal le ayudo a incorporarse,aunque Aníbal dio un quejido a pesar de todo,le dolían las heridas muchísimo,era normal dado que aún no habían cicatrizado. Aderbal no tardo en coger el plato con el caldo y sentarse en el borde de la cama para darle de comer a su hermano de leche.

-.....¿Vas a darme tú de comer?- preguntó quedamente Aníbal,su amigo rió por lo bajo y cogió un poco de sopa con la cuchara para que su amigo comiese.

-Abre la boquita,hermano -Aníbal estaba tan débil como un gatito que no protesto y abrió la boca para comer la sopa. -Era para Adri,pero al verla tan dormidita....

-....¿Lleva todo este tiempo a mi lado?

-Sí- volvió a coger otra cucharada de sopa para que su amigo comiese,Aníbal estaba débil pero comía. -No ha dejado ni un minuto de estar a tu lado.- el general trago y su mirada paso a Adriana,que dormía profundamente.

-....Soy idiota....por pelearme con ella casi muero.....

-¿Por lo de Sofonisba?- débilmente Aníbal asintió y no tardo Aderbal en darle nuevamente de comer,la verdad es que la cálida sopa le hacía bien en el cuerpo.

-No debiste enfadarte tanto con ella. Recuerda lo unida que esta su familia y le extrañara tu familia.

-Lo sé....quiero hablar de otra cosa.....

-¿Algo reconfortante para generales heridos?- Aníbal contuvo una risa ronca

-Algo agradable de hablar....

-¿Quieres cosas sabias o tonterías?

-Ambas,Aderbal. Todo lo que se te ocurra.- en lo que Aderbal le daba de comer a Aníbal,no cesó de hablar de cualquier cosa que se le ocurría,desde como iba creciendo la pequeña Adama hasta rememoró anécdotas de la infancia que Aníbal creía ya olvidadas,como por ejemplo,Dido a él y a Aderbal cuando eran muy pequeños los vestía de niñas y los presentaba como “su hermana pequeña y fea y su amiga fea” cosas de niños. También hablaron de cosas más picantes,como por ejemplo Aníbal,con voz queda y débil le comento que quería ir con Adriana a la playa donde engendraron a Sadik. Aderbal a su vez le confesó que Dido solía dominarle a la hora de hacer el amor.
Aníbal no comió mucho,no estaba excesivamente hambriento,sólo quería dormir ahora en compañía con su mujer,Aderbal asintió y lo dejo dormir,necesitaba descansar.

Cuando fue a reunirse con Dido,Aníbal,Élbir y los niños,lo esperaban ansiosos por saber si Aníbal y Adriana estaban bien.

-Aderbal,¿cómo están?- se apresuró en preguntar Dido abrazando a su marido,estaba mortalmente preocupada por su hermano pequeño y su cuñada.

-Aníbal ha despertado y Adriana estaba dormida,Aníbal estaba hambriento y se ha comido el caldo que le subí a Adriana,pero quería descansar. Pero va a salir de esta porque al menos ha dejado de estar inconsciente.

-¿Despertó?-exclamó Dido con una voz llena de alegría,¡su hermano había despertado! Adriana se merecía descansar porque había estado a la vera de su marido sin dormir,se había acercado un par de veces pero sin entrar en la habitación para ver como estaban y estaba siempre Adriana al lado de su marido,rezando,suplicando que Aníbal se recuperase.

-Necesita descanso,no muchos sobreviven a dos flechas en dos puntos tan delicados. Los dioses quieren que viva,si no habría muerto al instante.

-Aníbal es un guerrero,saldrá de esta gracias a Adriana en parte,le ha cuidado muchísimo.

Aníbal entre sueños no cesaba de mirar a Adriana,no era la primera vez que se había visto una vez más a las puertas de la muerte. Sé acordó una vez más de sus suegros pero esta vez sólo de Cibeles,sangre inocente que derramo,sangre de reina,madre de reina sería. Sí,Cibeles era la princesa de Siracusa,pero más que princesa había sido su reina. Adriana era ahora quien ocupaba el trono de Cibeles,sería alguna vez reina de Siracusa si los dioses querían,si el tirano que había usurpado lo que era de Adriana caía y ningún familiar suyo subía al trono,la corona sería de Adriana,sería reina.

-”Me has salvado la vida Adriana. Estamos en paz,esposa mía”-pensó Aníbal mirando entre lo que despertaba y volvía a dormirse el hermoso rostro de Adriana completamente dormida,en el nombre de Baal si que era hermosa,sus ondulados cabellos oscuros caían graciosamente sobre su rostro,su rostro redondo de dulces facciones definidas,labios finos y jugosos. No sólo le atraía su belleza física,Adriana era tan frágil como un hilo de cristal,pero a la vez tan fuerte para amar. Tenía un alma hermosa. Él no,su alma estaba ennegrecida de pecados y muerte. Finalmente acabo quedándose profundamente dormido en compañía de su mujer.

martes, 20 de mayo de 2014

Suavis Inimicitia: "Lamentaciones"


Una vez que las heridas de Aníbal fueron lavadas y vendadas,Adriana pidió que por favor la dejasen sola con él. Sola,Adriana se tendió al lado de Aníbal,cuidando de no mover la cama. Lo miró atentamente a la cara y tocó con delicadeza. Él tenía la piel caliente y sus ojos seguían cerrados,respiraba con dificultad. Los dedos de Adriana acariciaron con suma suavidad los labios de Aníbal y después apoyó la mejilla en el hombro de él,se sentía tan culpable,por su culpa no fue centrado a la lucha,era su culpa y sus lágrimas cayeron sobre la piel de Aníbal.

-No tienes que morir. ¿Me oyes?- le pellizcó en un brazo,quería que reaccionase y abriese los ojos.- ¿Me oyes? Tú eres mi marido,el padre de mis hijos,ellos te necesitan.....¡yo te necesito!- las palabras estaban mezcladas con múltiples sollozos.- Te amo,Aníbal. ¡No puedes morir!¡No puedes!
Mucho más tarde,todavía sollozando se quedó dormida.


El amanecer la sorprendió en un diván junto a la cama,envuelta con la capa carmesí del uniforme militar de su marido,observándole. Le había despertado el calor febril que Aníbal había empezado a emanar y entonces pasó el resto de la noche refrescándole con agua. Ahora él no estaba tan caliente.

-Mi amor....no puedes morir....por favor....despierta....abre los ojos.....- tomo con delicadeza una de las manos de Aníbal y las llevó su rostro,sus ojos estaban enrojecidos en hinchados de tanto llorar,ya no podía llorar más.

-No puedes olvidarte de ti mismo,eres un guerrero,uno de los grandes,eres como Aquiles,lleno de grandeza. No puedes olvidar quién eres....no puedes olvidarte de nosotros.....quiero ser la lluvia que borre lágrimas de tu corazón....mi amor,despiertate....siempre estaré junto a ti- beso sus manos con todo el amor que le cabía dentro,de haber podido llorar más lo habría hecho. Esas manos que le había hecho daño cuando se había enfado en exceso con ella,que a su vez le había proporcionado las caricias más placenteras y a la vez más tiernas que nadie le había dado. Temió no poder ver más los ojos de Aníbal,no oír su voz.
Nadie osó ir a molestarlos en todo el día. Los niños en su inocencia no veían el riesgo de la situación debido a su tierna juventud. Pero los adultos si sabían que la vida de Aníbal pendía de un hilo.
Adriana no comió en todo el día,sólo estuvo al lado de Aníbal,rezando porque despertase. Lo amaba con locura y sabía que si lo perdía algo dentro de ella moriría con él. No quería andar el camino sin él,si enviudaba sabía que nunca podría volver a enamorarse como hizo su tía Dafne,la madre de Adelphos y Fabio,que cuando el padre de Adelphos murió en batalla,el bravo general espartano Leónidas, Dafne estuvo un par de años de luto y volvió a enamorarse de Octavio,el padre de Fabio. Pero ella nunca podría,sólo pensaba en que cuando despertarse darle todos los besos que nunca le dio. Si él moría nunca podría olvidarle.

-Pero mi vida,yo nunca podré olvidarte. Y sólo el viento sabe lo que has sufrido por amarme. Hay tantas cosas que nunca te dije en vida,que eres todo cuanto amo. Saldrás de esta,despertarás,te recuperarás. Sadik y Aradna se llenaran de ilusión cuando le cuentes todos los detalles de la lucha,tienes que ver dar sus primeros pasitos a Amílcar y escuchar sus primeras palabras. Tú siempre quisiste luchar contra Roma,¿verdad? Tienes que hacerlo,y luchar un día codo a codo junto con Sadik y Amílcar.....y estar conmigo,hacerme el amor hasta el agotamiento,y poder estar juntos. Por favor....abre los ojos....no me hagas esto....desde Siracusa estamos tú y yo unidos,me salvaste la vida porque estábamos destinados a estar juntos. Ya como hicieron Eneas y Dido en el pasado,remendar sus errores.....pero esta vez ninguno de los dos morirá. Por favor,despierta. ¡Despierta,mirame,abre los ojos!- Adriana se arropó mas con la capa de Aníbal,olía a él y era como si la estuviese abrazando. Debía de ser fuerte si Aníbal moría,porque debería sacar adelante a sus hijos. Pero quería pensar que Caronte no le iba a llevar al Hades,que iba a sobrevivir,que Plutón no iba a hacer que Aníbal fuese al Elíseo,lugar de descanso de los héroes. O que Proserpina se apiadase de ella y hiciese que el alma de Aníbal no muriese para que estuviesen juntos,nunca más le iba a desobedecer,por su culpa él había ido distraído a la batalla y le habían herido casi de muerte.
-Perdóname. Mi vida,por mi culpa estas así. Nunca más volveré a desobedecerte. Cariño quiero ser la luz en tu camino,sol en la noche,agua dulce en el mar. Tenemos que volver a la playa donde hicimos hace seis años el amor para tener a Sadik,pero no solo tu y yo,si no también los niños,amas el mar, iremos en cuanto te recuperes. ¿Vale?- se incorporo para posar un suave beso en la frente de Aníbal y comprobar así si volvía a tener fiebre.

-Aníbal por favor,despiertate. Abre los ojos,despierta.

Finalmente sus ojos se cerraron presos del agotamiento y porque sus ojos estaban doloridos por tantas horas de llanto,así se quedo medio dormida en el diván,tratando de evitar no dejarse caer porque si no caería en la cama. Noto de golpe un tacto en su mejilla,un tacto cálido,vivo....abrió de golpe los ojos y vio algo que casi hizo que diese un grito; ¡Aníbal había abierto los ojos! Sus ojos negros mostraban un brillo cansado y había hecho un titánico esfuerzo para levantar el brazo y llevar su mano hasta la mejilla de su mujer.
Adriana tembló al verle,estaba vivo,¡estaba vivo! Sintió como su corazón latía con fuerza y después,lentamente,ella empezó a relajarse. Los negros ojos de Aníbal la miraban y Adriana le devolvía la mirada. Él no iba a hablar sobre su absurda pelea ni ella tampoco. No hablaron,sólo se limitaron a mirarse,la mirada azabache de Aníbal se perdía entre los ojos castaños claros de Adriana,esos ojos que había amado hasta el odio y que ahora eran su balsa en lo que aferrarse. Cayó en el fondo de esa mirada miel hasta su corazón,hasta su alma herida,tanto como la suya.
Con un simple gesto de la mano,que parecía que le costaba a Aníbal,le indico a su esposa que se tumbase en el lecho con él. Adriana obedeció y con sumo cuidado se tumbo al lado de él y apoyo la mejilla en su hombro,con cuidado de no mover la cama y no darle en ningún sitio donde estuviese vendado. Todo esto sin dejar cesar de mirarse a los ojos,Adriana estaba prendada de esos ojos tan negros,que la habían confortado en su niñez y que la habían excitado cuando descubrió sus deseos de mujer. Y más le atravesaban el alma cuando supo que Aníbal era el dueño de esos ojos que amo desde siempre. Adriana,temerosa,deposito un beso en los labios de su esposo,quién no lo respondió por lo agotado y dolorido que estaba. Les bastaba con mirarse a los ojos para saber lo que pensaba el otro,aunque a veces Aníbal era como el mar y a veces no mostraba nada pero en cambio otras dejaba bien clara sus intenciones. Adriana siempre había tenido una mirada muy expresiva y no podía disimularlo como hacía Aníbal. Noto como Aníbal hacia un esfuerzo sobrehumano para rodearla con brazo para abrazarla,la necesitaba,tanto como respirar,quería saber quererla como se merecía,saber darle cariño,en cambio ella le daba todo el amor que nunca le habían dado a lo largo de su vida,sólo le fallo una vez y no fue para tanto. Fue un idiota por enfadarse tanto con ella por intentar salvar su alma,por un enfado absurdo casi la pierde,tanto a ella como a su vida. Ni siquiera era capaz de decirle un simple “te quiero” pero ella si,siempre se lo decía.
Adriana le acarició con suavidad el rostro,raspandose levemente con la fina barba que él tenía,no le importa lo más mínimo. Cartago y Roma debían de hallar una manera de tener paz,la enemistad surgida siglos atrás debía de terminar,una enemistad fruto de una maldición. Cuando Eneas dejo Cartago para seguir su destino hasta Italia,dejo atrás el corazón roto de la reina Dido,ella,despechada,decidió suicidarse clavándose la espada de Eneas e inmolarse en una pira funeraria,pero antes lanzo una maldición diciendo que nunca habría amistad entre el pueblo de Eneas y el suyo. Pero debían de dejar atrás eso. Roma y Cartago podían ser muy poderosas juntas. Ojalá el odio se disipase alguna vez.

lunes, 19 de mayo de 2014

Suavis Inimicitia: "Bailando con la muerte"


A su vez,días más tarde,Aníbal se encontraba sumergido en la batalla contra los numidas,estaba desatado,estaba descargando su ira y su enfado con el enemigo. Su coraza de bronce estaba salpicada de sangre,su espada empapada en sangre. Pero quienes conocían bien la forma de luchar de Aníbal podían ver que no estaba como siempre. Aderbal,su mejor amigo y compañero de batallas durante años podía ver que Aníbal estaba como distraído,incluso el joven Élbir que llevaba menos tiempo luchando con su general podía ver también que aunque Aníbal luchaba como el que más algo no le iba bien,estaba distraído ya que no mataba a muchos,simplemente mutilaba y había recibido mas heridas porque no estaba centrado en su defensa,sólo atacaba y atacaba. Sus pensamientos estaban enmarañados por el enfado,la ira y la adrenalina de la batalla,hervía ira. Sabía que estaba siendo un animal en la lucha,pero a su vez la imagen de Adriana y de las crueles palabras que le había dicho le quemaban por dentro.
De hecho casi le dio de lleno una flecha disparada por algún arquero que había visto que el general enemigo no estaba al cien por cien. Pero antes de que Aníbal pudiese ver de dónde había venido la flecha,recibió otra justo en un punto en el que la coraza no le protegía,lo peor es que esa flecha le dio justo en el costado,atravesándole horriblemente de lado a lado. Aníbal sintió como su vida de iba con cada gota de sangre que salía de su ser. Se desplomó y cayó al suelo.
Aprovechando la confusión del combate,el arquero numida se acercó cautelosamente a la figura inmóvil Aníbal,con el arco preparado. El hombre se agachó sobre el general,no estaba seguro de si era él y le quito el casco,su sangre se heló en sus venas al ver que su flecha había derribado al general cartaginés,¡y él lo había abatido! No había ningún movimiento,no había respiración. El numida no era lo suficientemente osado para tocar al general y comprobar si estaba enfriándose. Pero seguramente,esa flecha fue muy certera,debió de perforarle algún órgano vital,porque tanto la túnica como la coraza estaban llenas de sangre.
Aderbal,que estaba a alguno metros de distancia,cuando vio la visión de su hermano caído en el suelo y aparentemente muerto,se apresuró a ir corriendo a socorrerle,destrozando a su paso a todo soldado que osaba cruzarse en su camino.

-¡¡Aníbal!!- gritó,por Baal que no estuviese muerto,¡qué no estuviese muerto! El numida cuando vio al lugarteniente de Aníbal acercándose,se apresuró a coger otra flecha y sólo para estar seguro,disparó otra flecha en el hombro de Aníbal antes de salir corriendo. Pero Aderbal fue más rápido y el arquero no tardo en yacer en el suelo con el cuello cercenado.

-¡Han herido a nuestro general!- bramó uno de los soldados,Aderbal se acercó a su amigo caído y lo incorporo un poco.

-Amigo mío,por los dioses no te mueras. Tienes mucho por lo que vivir....resiste.....
Lo atendió el médico,un heleno,habían ganado la batalla ya que Aderbal tuvo que tomar el control de la situación y actuar en el lugar de su amigo. Tanto Aderbal como Élbir se encontraban fuera de la tienda esperando a las noticias de que el heleno dijese algo. Le peor había sido el arrancarle las flechas,sobretodo la del costado ya que habían tenido que sujetar a Aníbal,que aunque estuviese inconsciente su cuerpo reaccionaba al dolor. El médico no tardo en salir,eso no se sabía si eran buenas o malas noticias.

-Capitán Aderbal. El general esta vivo,pero esta muy débil,debe de volver a Cartago,aquí corre más riesgo de morir que en la ciudad. Por suerte la coraza frenó las flechas un poco,por muy poco no llegaron a perforarle el corazón y los órganos vitales. Pero ha de volver a casa si tienes alguna intención de que viva.

-Lo llevaremos a casa. Aníbal si ha de morir que lo haga en su casa. Pero no morirá,ese hombre es uno de los mejores generales que Cartago ha tenido


Habían transcurrido días desde que Aníbal había partido a casi la frontera con Numidia,estaba relativamente cerca de Cartago,aún así Adriana estaba preocupada ya que no sabía nada,absolutamente nada de su marido y temía que eso fuese malo.
Sus temores se confirmaron días más tarde.
Decidieron despertar a Adriana cuando el cuerpo de Aníbal fue llevado a la habitación,no antes. Semidormida,despertó para encontrarse con toda esa sangre. Gritó,saltó de la cama y vio cuando Aníbal era depositado en la cama. Volvió a gritar varias veces tirándose del cabello hasta que Aderbal la sujetó y la sacudió para que se calmase. Aunque él tampoco estaba muy calmado.

-Él no está muerto,Adriana- dijo Aderbal tratando de parecer calmado-. Ahora escúchame....no está muerto.
Aderbal trató de apartar a Adriana de la cama,pero Adriana se resistió,sin poder apartar la mirada de toda esa sangre,del rostro de Aníbal bastante pálido.

-Pero...

-Sólo esta herido,muchacha. Ahora ven para que puedan atenderle mejor de lo que hicieron en el campamento. Aquí sólo conseguirás estorbar.- finalmente Adriana pudo controlarse y fulminó a Aderbal con la mirada.

-Yo lo atenderé- dijo con firmeza.

-No estás en condiciones de...

-¡He dicho que lo atenderé yo!- la voz de Adriana fue dura- él es mi marido.
Aderbal quedó callado. Fue entonces cuando Sadik y Aradna,alertados por tanto ruido para encontrarse de golpe con la imagen de su padre herido de muerte,el miedo les acorazó a los dos y no pudieron hacer otra cosa que empezar a llorar.

-Tú lograste calmarme- le dijo quedamente Adriana a Aderbal- ve a calmar a tus sobrinos. Yo me las arreglaré con algo de ayuda.

-No. Élbir,ve tú a consolar a los niños. Yo me quedo aquí con mi hermano y mi cuñada.

-Sí,mi capitán- mando a Élbir por dos motivos,uno era que quería ayudar a Adriana con Aníbal y el otro era porque tanto Aderbal como Élbir sabían lo que era perder a un padre en la batalla y ellos sabrían que decirles a los niños. Élbir se apresuró a llevarse a los niños de ahí para que no viesen más.
Pese a las náuseas que continuamente le subían a Adriana a su garganta,pese al terror,ella,Aderbal y un par de esclavos lograron quitarle la coraza y el resto de piezas de la armadura y lavarle y vendarle las heridas. Las flechas ya habían sido retiradas con habilidad. La posición de las flechas hizo preguntarse a Adriana por qué Aníbal todavía seguía con vida.¿La flecha había dado contra el esternón y no había dado al corazón? Pero él respiraba todavía...apenas. La otra herida estaba en el flanco,bueno en los dos flancos porque lo había atravesado horriblemente de lado a lado.

-”No puede morir.....no puede morir.....por favor Júpiter todo poderoso....oh Baal,Melkart.....Plutón no lo lleves al Hades.....”- rezó Adriana para sus adentros.


domingo, 18 de mayo de 2014

Suavis Inimicitia: "Violenta discusión"


Aníbal ajeno a esto volvió antes de tiempo a casa,traía consigo una noticia bastante inesperada,pero se extraño al ver que Adriana no estaba y que sus hijos estaban torturando a su sobrino,aunque eso no le importo mucho,que sus hijos usasen a su sobrino mayor de juguete no le molestaba nada.

-Aníbal,¿dónde esta Adriana?- el greco-púnico se quedo pálido como la cera,no podía decirle a su tío que Adriana había ido a ver a Sofonisba porque si no Aníbal se pondría hecho una fiera y nadie querría esta cerca de él.

-Pues....yo....esto.....yo...pues....-empezó a balbucear el filósofo ante la mirada homicida del general,no estaba para tonterías,si su sobrino no decía nada,ya sabía de alguien que por simple respeto y temor se lo diría.

-¡¡Elira!!- bramó Aníbal para que la esclava libia fuese a su presencia y ella le respondiese en donde estaba metida su mujer. La libia no tardo en presentarse ante su amo,Elira temía a Aníbal con motivos,ese hombre había matado a hijos suyos para ofrendarlos a Baal en el Tofet,le había pegado hasta desahogarse y era particularmente cruel con los castigos de los esclavos,aunque les daba permiso a los esclavos para casarse y tener descendencia,pero la crueldad y sadismo que Aníbal demostraba a veces era horrible.

-¿Sí,amo?

-¿Dónde esta mi mujer?

-Pues,la señora tuvo que irse,vino a por ella una esclava de parte de una mujer llamada Sofonisba.- Aníbal apretó sus puños y no dudo en dar un fuerte puñetazo en la pared y estuvo a punto de partirse la muñeca,¡¿había sido capaz Adriana de ir a verla?! ¡Maldita sea! Sin decir una palabra,consumido de ira se fue de casa en busca de esa cabeza loca que tenía por esposa.

Adriana a su vez había escuchado el relato de Sofonisba,quien la comparó con su hermana Selene en el pasado, no sabía si esa mujer se merecía la piedad y el perdón de su marido pero de todas maneras le dijo que hablaría con él. Así que no se entretuvo mucho más para irse de ahí,pero en cuanto la esclava la condujo a la puerta y se encontró inesperadamente a su esposo en el umbral sintió como se le helaba la sangre en las venas.

-Aníbal....

-No escuchaste mi advertencia,te lo dije,que no vinieses,¡¿y tú haces lo que te da la gana?!

-Aníbal,yo....

-¡¿Te burlas de mí,me desafías y crees que nada sucederá pese a todo ello?!- rugió él,mientras su cólera le privaba de su auto-control.

-¡Aníbal!

-¡No!- Aníbal se acercó peligrosamente a su esposa,la aferró del brazo y tiró de ella,la sujetaba con suma fuerza,clavándole los dedos en la carne. Vio que ella dio un respingo de dolor,pero eso no apaciguó su cólera ni lo hizo sentirse mejor.

-Te aprovechas de mi,Adriana. Soy indulgente contigo y entonces crees que puedes hacer todo lo que te dé la gana- gritó- ¡Eres mi esposa! ¡Esta vez ninguna excusa podrá calmarme!- Adriana trato de liberarse del agarre de Aníbal,pero esto hacía que el hombre aumentase la presión sobre su agarre.

-Aníbal por favor escúchame....

-¡No voy a permitir que tu lengua me manipule,Adriana Melkart! ¡Nada va a calmarme,a casa!- Aníbal estaba colérico,no estaba para atender a razones.

-Me estas haciendo daño.....- musitó Adriana de camino a casa ya que Aníbal no soltó su agarre.

-¡Agradece a tus dioses que no te haya dado una paliza! ¡Es lo que te mereces maldita mentirosa,confié en ti y me traicionas! ¡No eres más que otra romana traidora!- Adriana abrió mucho los ojos como si hubiese recibido una fuerte bofetada,oír semejantes palabras de labios de su marido fue peor que un golpe físico.

-Aníbal....yo te quiero.....

-¡No me importa que me quieras! ¡No quiero que me quieras,quiero que me respetes de una condenada vez! ¡Maldita sea!
En cuanto llegaron a casa nadie osó molestarlos,pero Aníbal solo arrojo a Adriana al suelo nada más entrar dentro de casa,estaba rabioso y a la vez dolido con ella,¿por qué no le había hecho caso? ¡¿Por qué?! Ella era la última persona que él pensaba que le defraudaría. Levantó la mano dispuesto a desatar su ira con ella,pero no pudo hacerlo,al verla ahí,tendida en el suelo y encogida sobre si misma temblando como un conejo y mirándole de manera suplicante. Estaba claro que le había embrujado con esos malditos ojos y lo que sentía por ella.

-Ya veré que hago contigo cuando vuelva de la batalla.

-¿Batalla? ¿Q-qué batalla?- Aníbal la miro con una mezcla de enfado y cierta preocupación,pero más de enfado que otra cosa.

-Me voy a la frontera con Numidia,hay problemas. Ya veré que hago contigo cuando vuelva,porque esto no se va a quedar así.
Sin más palabras,la dejo ahí tirada,Adriana se puso de rodillas y lloró. Lloró amargamente por todo,por su estupidez había perdido la oportunidad de despedirse bien de Aníbal,¿y si no volvía? No quería que se fuese al otro mundo enfadado con ella. Así que se levantó y salió tras él,pero Aníbal ya se había ido a caballo de su hogar. Eso aumento más las lágrimas de Adriana,no veía nada que no fuesen borrones más allá de las lágrimas.
Nadie pudo consolarla,ni sus hijos,ni su sobrino,nadie pudo. Sólo a las horas pudo calmarse,rezaba en silencio a todos los dioses romanos para que intercediesen en favor de Aníbal,que volviese vivo a su lado y sobretodo que la perdonase. No soportaría que si volviese y la batalla sólo hiciese que la odiase más y si la repudiase se moriría. No quería separarse de él y menos que si hacía con ella como Delinenar nunca más volvería a ver a sus hijos ya que Sadik,Aradna y Amílcar se tendrían que quedar en Cartago con su padre,mientras ella tendría que volver a Roma.¡Pero no! Dudaba que Aníbal quisiera divorciarse de ella pero el miedo la poseía.

-Mamá...- escuchó la voz de su hijo Sadik,los ojos verdes de Sadik mostraban preocupación por su madre.

-Sadik....- el niño no tardo en abrazar a su madre,no como un niño que buscase consuelo entre los brazos de su madre,si no que parecía que el niño de solo seis años quisiera proteger a su madre.

-Mami,yo te cuidare, nunca más tendrás que llorar- la inesperada seriedad con la que Sadik dijo estas palabras lleno de ternura a Adriana. Su pequeño Sadik cada día era más hombre. Adriana sonrió levemente,conmovida hasta los huesos,Sadik era tan parecido a Aníbal....era digno hijo de Roma y Cartago.





sábado, 17 de mayo de 2014

Suavis Inimicitia: "Tentando la suerte"


Días más tarde,Aníbal reanudo sus actividades militares dejando en su hogar a su mujer,sus hijos y su sobrino,quién finalmente parecía que se iba a quedar a vivir ahí,todos estaban a gusto con él en casa.
Adriana estaba simplemente jugando con Sadik y Aradna en el patio mientras el pequeño de la casa dormía y su sobrino Aníbal estaba con ellos,pero inmerso en sus papiros traídos desde Alejandría. Adriana estaba aprovechando esos momentos con Sadik y Aradna porque cuando cumpliesen siete años empezarían a ir a la escuela y Sadik con la pre-instrucción militar,de modo que el tiempo de estar tanto tiempo juntos se les agotaba.
Sadik sabía lo que se esperaba de él en un futuro,nunca habían cesado de decirle la estirpe guerrera que llevaba a sus espaldas y que debía de hacer honor a ella y más si un día podía recuperar la corona de Siracusa y el tirano que había en el trono de su madre caía algún día junto con su estirpe. Un día si los dioses querían sería rey. Era un príncipe y se prometió a si mismo que un día sería rey de Siracusa. Por lo tanto su educación tanto guerrera como académica debía de ser la propia de un príncipe. Aradna era princesa aunque de volver a tener Adriana la corona sería la segunda en optar al trono y el tercero sería Amílcar.

Pues era una tarde tranquila y sin motivo alguno de pelea de momento,hasta que Elira llegó corriendo hasta donde estaba su ama, Adriana al ver lo alterada que estaba la esclava una sombra de preocupación cruzo el rostro de la domina.

-Elira,¿qué ocurre?

-Vinieron a buscar al amo,mi señora. Una esclava que dice que viene de parte de una tal Sofonisba- Adriana se mordió el labio inferior,una parte de ella,la racional y coherente decía que hiciese caso a lo que Aníbal le había pedido casi suplicado. Pero otra parte....la estúpida y temeraria quería saber que empujo a Sofonisba a darle la espalda a sus sobrinos.

-Aníbal- llamó Adriana a su sobrino,quién levantó la cabeza de los pergaminos al oír como le había llamado su jovencísima tía.

-Dime.

-Cuida de tus primos,voy a ir a ver a Sofonisba....

-¡Mi tío se enfadará mucho contigo!

-Por favor,no le digas nada,necesito que me encubras.

-Pero....

-Por favor.

-No tardes por favor,no tardes.- con un gesto Adriana se despidió de sus hijos y fue corriendo a la puerta de casa para encontrarse con aquella esclava venida de parte de Sofonisba,la tía de su marido. La esclava que la estaba esperando era apenas una niña de doce años,no parecía cartaginesa,quizás fuese egipcia. La joven adolescente al parecer no hablaba mucho púnico y con torpes palabras le dijo a Adriana que su ama Sofonisba quería reunirse con sus sobrinos ahora que estaba en su lecho de muerte y quería hablar con ellos.

-Iré contigo y yo misma hablare con tu ama- decidió de pronto Adriana,estaba decidido,quería saber el porque una mujer era capaz de darle la espalda a unos niños cuando estos le suplicaban su ayuda,así que cogió una túnica y se hecho la capucha por encima para cubrir su rostro.
La egipcia condujo a la romana por las calles de Cartago hasta una casa situada algo lejos de la suya,la casa de Sofonisba era lujosa,no tanto como la de Adriana pero tenía lo suyo y no tenía las hermosas vistas al puerto cartaginés,si no al ágora,el epicentro de la capital del imperio cartaginés,donde hervía el comercio que no era el marítimo,aunque el puerto era el corazón verdadero de Cartago.
La esclava llevó a Adriana al interior de la vivienda y sin palabra alguna y mediante gestos le indicó a que fuese a la alcoba principal de la vivienda. Dentro de la estancia,tendida en la cama había una mujer anciana,las sombras de la muerte estaban presentes en el rostro marchito de la mujer,aunque había pocos vestigios de la antigua belleza de Sofonisba.

-¿Meritamón.....?- dijo la mujer cuya cansada mirada se centro en la puerta,pero no era su esclava egipcia,si no una joven a la que ella no conocía. -¿quién eres tú?- preguntó secamente la anciana,Adriana hecho la capucha hacia atrás para descubrir su rostro.

-¿Sofonisba?

-Sí.¿Tú quién eres?

-Adriana Augustus,esposa de Aníbal Melkart.

-¿La esposa de mi sobrino? Eres más bella de lo que esperaba para una romana- Adriana apretó los puños,odiaba que no parasen de juzgarla por ser romana.

-Sí,soy su mujer. ¿Tú eres su tía?

-Sí. Hermana mayor de su madre,Elisa. ¿Qué haces tú aquí?

-Mi marido no puede....

-No mientas. No quiere venir. No le culpo,Ariadna.

-Adriana.

-Como sea- la mujer con un esfuerzo titánico se incorporó en el lecho sin dejar de apartar la mirada de aquella joven romana,ciertamente era hermosa y que hubiese venido desafiando a su marido era interesante.

-Supongo que sabrás lo que pasó,¿no?

-No,Aníbal no me dijo nada de lo que paso entre vosotros.- Sofonisba suspiro profundamente,le ardía la conciencia por haberse negado a ayudar a sus sobrinos,a los hijos de su odiada hermana menor. Si,había odiado a Elisa porque Hannon iba a ser el prometido de Sofonisba,pero Hannon se decantó por Elisa por ser mas joven y por la maldita fertilidad. Por culpa de un accidente sufrido en la juventud,Sofonisba se vio privada de poder dar a luz,por eso no se caso con nadie porque ningún hombre quería a una mujer estéril a su lado. Hannon había sido el amor de Sofonisba,pero él se enamoró de Elisa,Elisa siempre Elisa....siempre la mimada de sus padres Elisa,la más hermosa,Elisa,la más feliz Elisa. Una parte suya se alegró de su muerte y pudo vengarse al darle la espalda a sus sobrinos,pero la vejez da sabiduría y pudo ver que había sido injusta con su hermana y sus sobrinos cuando Dido con sólo dieciséis años apunto de ser casada con Asdrúbal y Aníbal con sólo once años estaba harto de malos tratos fueron a suplicarle ayuda,se vengo al darles la espalda . Ahora quería redimirse con sus sobrinos y suplicarles su perdón.

jueves, 15 de mayo de 2014

Suavis Inimicitia: "El último lazo con el pasado"


Lentamente el sol fue emergiendo,bañando con su luz las tierras mediterráneas,entre ellas las tierras del norte de África. Adriana estaba con la cabeza metida entre las sábanas para protegerse de la luz solar,pero de pronto empezó a notar entre sueños como la sábana se iba retirando despacio descubriendo sus piernas,ya que a la vez notaba como la túnica también se iba levantando con suma suavidad.

-Hmmm...- protesto la princesa al notar aún dormida como la iban desnudando.

-Abre las piernas un poco....- noto que le susurraba su marido con voz lujuriosa en el oído Adriana noto como las ásperas manos de Aníbal se colocaban entre sus muslos y trataba de abrir sus piernas para acceder mejor.
Ella despertó súbitamente y con suma brusquedad se separó de Aníbal,cerrando sus piernas ante la desilusión de su marido.

-No. Anoche no quisiste,yo no quiero ahora hacerlo contigo.

-Estas húmeda....¿qué habrás soñado esta noche esposa mía?- preguntó completamente lascivo el cartaginés.

-Algo que no te importe. No quiero hacer el amor contigo.- Aníbal se sentó en la cama con sus necesidades amatorias bien notorias,el sueño le había despertado la libido y el despertarse y encontrarse a su lado a su dulce y bella esposa con la sábana pegada a su hermosa y sensual anatomía y había despertado de nuevo su deseo carnal.

-Adriana eso fue anoche,ahora si quiero.

-Pues te masturbas. Me duele la cabeza- Adriana volvió a acostarse en la cama,pero noto como Aníbal le subía súbitamente la túnica de golpe hasta la cintura -¡para,no quiero!- Adriana se revolvió y se levantó de la cama para separarse de Aníbal,quién la miro entre incrédulo y lascivo.

-¿No quieres....?

-No. Tu no quisiste anoche,yo no quiero ahora. Masturbate.- Adriana salió de la habitación para huir de ese mar de hormonas que era su marido en ese momento para irse a dormir las últimas horas de sueño con Sadik.

El resto del día fue más o menos igual,Aníbal trato de gozar de la intimidad con su mujer cuando la pillaba sola,por lo tanto Adriana trato de estar lo posible con sus hijos o con su sobrino,ya que mientras estuviese acompañada su marido no trataría de montarla como un animal en celo. Pero pensó fríamente en que podía aprovechar el que Aníbal estuviese tan sumamente caliente para sacarle lo que paso anoche.

-Adriana....por el amor de Tanit súbete un poco el vestido....

-Amor mío....yo también estoy muy muy.....-la princesa se acercó de manera insinuante a su marido,calentándole más de lo que estaba.- muy caliente....

-¿Sí? Pues....ya sabes....vamos a la cama y...

-Sí....pero antes....cariño mío...mi amor....mi general.....¿quién es Sofonisba?- la expresión de absoluta excitación que Aníbal tenía en su negra mirada paso a un halo de frialdad.

-Una puta. Adriana me has bajado la erección, ¿por qué quieres saberlo?

-Porque vi como te pusiste y....

-Es la hermana de mi madre. Una zorra asquerosa que nos ignoro a Dido y a mi cuando le suplicamos de niños que nos acogiese en su casa. Nos ignoro por años y ahora en la vejez si quiere tratos con nosotros. Adriana,esposa mía, si viene alguna vez esa puta o alguien que venga de su parte no vayas a verla,esto te lo pido,porque si no lo haces me enfadaré de verdad y no quiero enfadarme contigo. Soy indulgente contigo,no pongas en juego mi paciencia y mi confianza.

-Pero....

-Nada de “pero” solo obedéceme por una vez en tu vida.- una vez más el odio y el rencor de Aníbal salían a flote,Adriana podía entender que la vida de su marido no fue nunca fácil,pero ¿sufrió siempre dolor y rechazo por su familia a excepción de sus hermanos? Arístides a pesar de todo quería a su hermano menor.

-Aníbal pero,¿por qué no os ayudo a Dido y a ti?- el púnico negó con la cabeza,desconocía el porque la hermana de su madre no quiso ayudarles.

-No quiero hablar de ello.
El que Aníbal sacase a la luz a veces sus odios y sus rencores más absolutos hacía que el trato que le daba a su mujer fuese bastante suave,él solía hacerle el amor de forma vigorosa y fuerte,cosa que ella también disfrutaba,pero esa vez fue una de esas pocas veces que Aníbal era más suave con Adriana. Quizás porque esa parte de su alma que estaba encerrada en lo más profundo de su ser que lloraba y que no se conformaba con la soledad rogaba por el amor que solo Adriana le daba salía a la luz y Adriana correspondía a sus silenciosas súplicas de afecto. En el fondo los dos lo habían pasado mal en el pasado,en el fondo habían estado los dos igual de solos y desamparados en el sentido emocional,Adriana tanto por la perdida de sus padres como porque para Julius aunque tratase de ser neutro con sus nietas,desde siempre su preferida fue Selene. Sus primos eran muy niños para haber comprendido el trauma por el que Adriana paso de niña. Sólo se había sentido consolada por el recuerdo de Aníbal de cuando la salvo.

-¿Sabes? Cuando era niña quería casarme contigo- susurró Adriana ocultando su rostro en el pecho de Aníbal a la vez que sus manos acariciaban temerosa la enorme cicatriz en diagonal que dividía la espalda de su marido.

-No me conocías.

-Sí te conocía. Cuando me salvaste en Siracusa me enamore de ti. ¿Quién me iba a decir que lo iba a hacer?- una sutil sonrisa se dibujo en los labios de Adriana,ya habían terminado de hacer el amor,pero permanecían en el lecho,simplemente abrazos,sintiendo el tacto de sus pieles desnudas.

-Mujeres.....- susurro Aníbal,aunque pensaba lo mismo que ella,se quedo prendado de Adriana cuando ella era un niña. -Mírame,quiero ver tus ojos- la princesa obedeció y una vez más sus ojos se cruzaron. La primera vez que Aníbal vio esos ojos fue en Marcus,su suegro,le parecieron muy bellos pero los de Adriana tenían algo mágico que Marcus careció,pero cuando vio los ojos de Adriana él quería asesinarla,ella lo asusto cuando le sonrió cuando se reencontraron cuando Adriana creció,él miró sus ojos y cayó en su fondo hasta su corazón.