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martes, 28 de enero de 2014

Suavis Inimicitia "Casi deshonra"


Adriana estaba con Sadik y con Aradna jugando en la habitación de la que apenas salían,sólo tenían contacto con Altea, no se fiaba de nadie en aquella fortaleza íbera,sólo de ella,de hecho había pensado en comprársela a Himilcon y que se fuese con ella a Cartago,con ella no sería tan desdichada.
Pero ese mediodía irrumpieron en la habitación,era Etbaal,quería ver a Adriana,comprobar si era cierta la belleza de la joven romana. Se sorprendió gratamente al ver que Adriana hacía honor a lo que se decía de ella y quería probar a una romana. Así que le bramo a Altea que se llevase a Sadik y Aradna de la habitación. Altea miró dubitativa a Adriana y,ingenuamente, accedió a que Altea saliese de la habitación llevándose momentáneamente a Aradna en la banda en la que ella la llevaba desde que llegó a Iberia y a Sadik.
Una vez solos, Adriana se mantenía firme,con una mirada desafiante al íbero,el cuál la miraba con un gesto extraño en la mirada.

-Kshyqti....Aníbal tiene suerte de haber desposado a una romana tan hermosa- trato de tocar la mejilla de Adriana,pero ella se aparto antes de que siquiera la rozase. -¡Qué arisca!- río Etbaal al ver que ella ni siquiera quería un roce.

-¿Quién eres y que quieres?

-Etbaal,hijo de Himilcon. Hermano de Delinenar- volvió a tratar de tocar a Adriana,pero ella nuevamente se apartó,provocando la risa del íbero. Etbaal se empezó a acercar a la joven y ella a su vez retrocedía hasta quedar contra una de las paredes,apresada entre la pared y Etbaal.

-¿Y eso de ser tan arisca? Las furcias romanas tenéis fama de ser muy promiscuas e infieles.

-Yo nunca le sería infiel a mi esposo- Etbaal no la dejo terminar la frase ya que la agarró fuertemente del cuello,cortándole la respiración brevemente para arrojarla con fiereza a la cama.

-Las romanas sois todas una promiscuas,¿porque ibas a ser tu diferente?- Etbaal se puso encima de Adriana,la cuál empezó a revolverse para tratar de quitarse al íbero de encima,incluso le dio un fuerte puñetazo en el rostro a Etbaal. Etbaal,enfadado, le dio una sonora bofetada a Adriana,haciéndole un pequeño corte en la comisura del labio. Etbaal volvió a agarrarla del cuello con una mano,dejándole la piel del cuello roja y ahogándola. Adriana tenia los ojos vidriosos y la visión nublosa por los bordes,creía que la mataría pero menos mal que Etbaal la soltó y Adriana empezó a toser violentamente.

-¡Estate quieta!- volvió a abofetearla para después llevar sus manos hasta el cuello de la túnica y dio un tirón,rompiéndola un poco pero no lo suficiente. Adriana no cesaba de gritar y de golpear a Etbaal,ojalá eso fuese una pesadilla.


Altea escuchaba los gritos de Adriana,mientras trataba de taparle los oídos a Sadik,pero en vano,escuchaba los gritos de su madre.

-¡¿Qué le pasa a mamá?!- preguntó alterado y queriendo entrar en la habitación,pero Altea lo sujeto,no debía entrar y ver lo que le estaban haciendo a la pobre Adriana. Ojalá los dioses la ayudasen,pero parecía que no. Hasta que oyó unos pasos que se acercaban, Altea no le dio mucha importancia,sería otro esclavo que no haría nada por Adriana. Pero menos mal que era no,era aquel capitán del esposo de Adriana: Aderbal. Aderbal había ido por orden y favor de su amigo,tenía que llevarse a Adriana y a los pequeños Sadik y Aradna al campamento.

-¡Tío Aderbal!- exclamó Sadik soltándose del agarre de Altea para acercarse corriendo a Aderbal,el cuál no tardo en coger al niño en brazos.

-Hola pequeñajo,¿y tú mamá?

-Mi señor. Etbaal....- Aderbal supo de inmediato que estaba pasando cuando escuchó los gritos desesperados de Adriana.

Etbaal trataba de subir la falda para poder acceder más fácil a Adriana,pero ella,harta de gritar,revolverse y ser golpeada,le dio una patada a Etbaal,dejándole así una décima de segundo para poder coger la falcata,pero Etbaal,le cogió del pelo,dándole un fuerte tirón.

-¡¡Estate quieta,puta!!- la puerta se abrió con fuerza,alertando a Etbaal, se le heló la sangre en las venas al ver al lugarteniente de Aníbal,y peor al verlo con la espada en la mano.

-Suéltala- dijo Aderbal. Con lo pacífico que era Aderbal,no soportaba que dañasen a gente cercana a él y Adriana no era solo la esposa de su mejor amigo y amiga de su esposa,no, Adriana había traído una alegría que parecía muerta, y que la apreciaba sinceramente. Etbaal trató de atacar a Aderbal con su espada,pero el púnico fue más rápido y de un movimiento pudo hundir su espada sin mucha profundidad en el costado del íbero. Pero más bramo Etbaal cuando sintió con en el otro costado,casi con la misma profundidad con la que Aderbal clavó su espada en el costado de Etbaal, Adriana había clavado también su espada falcata.

-¿Estas bien,Adriana?- preguntó Aderbal a Adriana,ella sólo asintió con la cabeza,por lo cuál,Aderbal se apresuro a sacar su espada y darle un fortísimo puñetazo al íbero,tanto que lo tiro al suelo con tanta fuerza que al golpearse quedo inconsciente. Aderbal se arrodillo para sacar su espada y la de Adriana.

-¿Te llegó a.....?

-No. Menos mal que apareciste....- Adriana no pudo evitar abraza a Aderbal y ocultar su rostro en el pecho del púnico y rompió a llorar,se sentía tan humillada....tan mal....

-Aníbal lo destripara cuando se entere- Aderbal abrazó a Adriana para tratar de reconfortarla,pobre muchacha, Aderbal apreciaba sinceramente a Adriana,la consideraba una hermana menor.

-¡No!No puede enterarse, sabes que Aníbal...

-Haría justicia. Adriana,esto no puede quedar así, han tratado de violarte, Aníbal hará justicia,eres su mujer y casi has sido deshonrada.

-Si mata a Etbaal,Himilcon....

-Te diré un secreto. Los béticos quieren quitar a Himilcon del poder. Lleva años fallando a su pueblo aunque cumple con la autoridad cartaginesa,pero no lo quieren más en el poder ni a Etbaal. Quieren poner a otro rey, Íscer, un joven militar bético que acepta a Cartago como autoridad. Aníbal quiere que tú y los críos vayáis al campamento,allí estaréis seguro- Aderbal junto con Adriana salieron de la habitación y Sadik no tardo en aferrarse a las piernas de su madre.

-Mami,¿qué paso? ¿Por qué llorabas?- preguntó el niño inocentemente, Adriana se agachó a su altura y lo abrazo con fuerza contra su pecho.

-No mi amor,mami no llora,¿ves? Estoy bien- forzó una sonrisa para que el niño se tranquilizase. Ahora se iban a los campamentos y a estar a salvo.


                                    (Adriana y Etbaal)

                                          (defendiéndose)
      

                        (Herida)

viernes, 24 de enero de 2014

Suavis Inimicitia - '' Unos nacen para la batalla y otros no''

 Rápido era el avance del ejército Cartaginés hasta la zona enemiga  , donde los Iberos se preparaban para contrarrestar el ataque de los Cartagineses , esta vez  lo superaban en número , con soldados más fieros  y más veloces , aun que como siempre , dos partes del trío traía una sorpresa que no era nada fea , no estaba mal para una batalla , era lo mejor en infantería y muy complicada de derribar por su gruesa armadura de acero .
Aníbal no estaba informado de nada , Élbir pensaba demostrarle a Aníbal que él también sabía combatir y ser un gran estratega  , así que lo primero que hizo por la mañana fue llevarse a una gran parte del ejército con él a uno de los laterales de la cordillera , llevándolos a todos hasta una zona escondida  , dejando a Aníbal solo con su parte de ejército , que constaba de cien arqueros y  casi ochocientos escuderos con espadas y lanzas de gran tamaño

Él mismo había llevado su ejército hasta la gran estepa donde se daría la batalla , observando a su lado a Etbaal a su lado , montado a caballo y tan tranquilo , como si nada pasase , tramaba algo , eso seguro..


- ¡ Muchachos , posición  de escuadrón  , arqueros , cargad las flechas , que empiece la guerra ! - Aníbal se bajó decidido del caballo , observando como Etbaal  seguía montado a caballo , sonriendo con una gran satisfacción a Aníbal.

-¿ No bajas? - Dijo Aníbal , sacando su espada sin dejar de mirar el frente , del cual emergían una gran cantidad de soldados , una cantidad que no era normal , todos vestidos de una manera distinta , con espadas , lanzas , hachas y arqueros , todos juntos en la misma fila , desordenados  y sonrientes , gritando lo que parecía ser el líder de su ejército , comenzando ahora a moverse  todos a gran velocidad , notando como los arqueros cargaban las flechas . Aníbal rápidamente alzó su espada y tras eso gritó con fuerza , haciendo que sus arqueros lanzasen una rápida carga de felchas sobre parte de sus enemigos , eliminando algunos de las filas , que lo único que hacían era  crecer .- ¡ Infantería , preparaos ! - cuando vio que Élbir y Adelphos lo habían abandonado suspiró decepcionado , pensando ya en traición de ambos o cobardía.
En cuanto hizo otra seña con su espada cargaron de nuevo con flechas y su infantería echó a correr junto a ellos , colina abajo , embistiendo con sus lanzas a los primeros soldados , soltando estas y empezando la batalla de  verdad . Aníbal sacó rápidamente su espada y en cuanto dos enemigos se acercaron a él lanzó el filo al aire ,cortando las gargantas de ambos  , tras eso le cortó la pierna al siguiente y pisó su cabeza , adelantándose al movimiento de otro de sus enemigos , cortando su brazo y tras eso atravesándolo .- ¡ Etbaaaaal , ayuda ! - Etbaal ya no estaba , se había ido del combate , los habían abandonado  , tanto él como Élbir  y Adelphos.




Élbir no tardó en actuar , en poco tiempo  tocó una trompeta e hizo avanzar de manera rápida a su ejército y al de Adelphos , los cuales venían cada uno por un lado de la estepa , de las cuales salieron miles y miles de soldados  y entre ellos dos elefantes de guerra a cada lado , en uno de ellos Élbir , lanzando flechazos a diestro y siniestro , haciendo caer  a varios rivales y Adelphos , en el otro , saltando del mismo para caer sobre tres enemigos y empezar su matanza particular  ,  clavando su espada a dos soldados  que venían a la vez , cortando la cabeza del siguiente.


- ¡ Aníbal , ve a por Etbaal , podemos encargarnos de esto los elefantes y yo ! - Rió mirándole , lanzando ahora otro flechazo a uno de los arqueros  , hundiendo la flecha en el torso del mismo .- ¡ No hay de que !



- ¡ Gracias , Élbir ! - sonrió mirándolo , asintiendo , echando a correr fuera de la batalla , pero no sin dejar de causar muertes  , ya que de camino había  destripado a otros dos soldados , avisando ahora a uno de ellos para que lo siguiese , un arquero . Una vez en la estepa superior , señaló a Etbaal , avisando al arquero de su huida a caballo. El arquero cargó una flecha y dejó que Aníbal  se adelantase , una vez cerca de él , el arquero lanzó la flecha y dio justo en el blanco  , haciendo que Etbaal cayese al suelo , sobre la flecha , a lo que Aníbal aprovechó para colocarse sobre él y agarrarlo de los pelos , aplastando su rostro contra la arena  , levantándolo por los pelos mientras  lo miraba con seriedad y furia.



- ¡ Aníbal , tú tienes mujer , yo no , necesito vivir ! -Etbaal se separó de él y se arrancó la flecha , acercándose a él ahora , suplicando de rodillas que le perdonase.- No quería..no..no quería..daría todo por seguir con vida y poder tener hijos con una mujer como la tuya  , y una mujer como la tuya.. ¡ dios que mujer la tuya ! ¡ Quiero decir  , que es una buena mujer para mi y que..!-De nuevo Aníbal le cruzó la carra y lo arrastró al campamento  , esa guerra iría bien si él , tampoco tardaría mucho con aquel traidor..


Continuará....

domingo, 19 de enero de 2014

Suavis Inimicitia "Descontrol"


Aníbal tal y como suponía Adriana estaba luchando contra un puñado de rebeldes que no fueron rivales para los cartagineses, no los mataron de momento en esa batalla,no, primero les cortaron las manos y después les obligaron a que les llevasen a su pueblo,un pequeño pueblo cerca de la fortificación de Himilcon.
Fue una masacre. El pueblo entero quedó reducido a cenizas,hombres,mujeres,niños y ancianos murieron bajo las espadas púnicas,los pocos supervivientes fueron capturados y en los límites del poblado fueron crucificados cruelmente algunos, otros fueron masacrados,las mujeres algunas iban a vivir para simplemente dar placer sexual a los soldados antes de ser enviadas al mercado de esclavos de Cartago Nova. Los niños sufrieron una suerte parecida,algunos vivirían para ser esclavos y otros morirían.
Aderbal no se explicó porque su hermano de leche había sido tan cruel y sádico, lo había visto antes en la guerra y sabía que podía ser un sanguinario,pero no sólo mato a soldados,no, si no también a civiles.

-¡Aníbal ya basta!- exclamó horrorizado al ver tantos crucificados entre esas masacres. Aníbal lo miró con la frialdad esperada.

-Deben aprender a que si desafían a Cartago sufrirán las consecuencias.

-¿Y eso es justificación para esta barbaridad?- una vez más,el blando corazón de Aderbal consiguió apaciguar brevemente la ira de Aníbal. Sabía porque hacía eso,porque era tan cruel, algunos de sus aliados creían que Aníbal se había ablandado debido a Adriana. Lo hacía por eso,para demostrar que no se había ablandado,ni por su mujer ni por sus hijos.

-Aníbal,escúchame- decía Aderbal yendo tras Aníbal,incluso se metió en la tienda de Aníbal,odiaba a veces lo cabezota que era a veces,no escuchaba a nadie.

-¿Qué quieres ahora?

-No tienes que masacrar un pueblo para demostrar que no eres un blando.

-Ahora verán los otros rebeldes béticos lo que les esperan.

-Aníbal,por favor,siempre te voy a apoyar. Pero matar inocentes....- el siempre tan optimista y sensible Aderbal que trataba de hacer de conciencia de Aníbal en sus horas más oscuras. Aníbal le puso una mano en el hombro a su hermano de leche,siempre tendría a dos personas a su lado pasase lo que pasase: Adriana y Aderbal.

-Ven aquí,hermano- Aníbal y Aderbal se dieron un cálido y fraternal abrazo,habían luchado codo con codo desde siempre y siempre Aderbal regañaba a Aníbal cuando cruzaba la línea.

-¡Mi general!- Élbir entró apresuradamente en la tienda de su general. Aníbal y Aderbal se separaron bruscamente.

-¿Qué pasa Élbir?- preguntó Aníbal seriamente,el muchacho respiraba acelerado,venía corriendo desde la otra punta del campamento.

-Vino un tal Etbaal,hijo de Himilcon dice ser.

-Que pase- en la tienda entro un hombre más o menos de la edad de Aníbal. Etbaal de Baécula,ex cuñado de Aníbal. Etbaal llevaba el pelo largo y greñudo hasta los hombros,iba con la armadura puesta,pero al contrario de los tres cartagineses no la tenía salpicada de sangre,es más,parecía que acababa de llegar al campamento púnico-íbero.

-Saludos,ex cuñado- Aníbal gruño notablemente molesto,odiaba a Etbaal desde siempre y Etbaal a Aníbal.

-¿Vienes ahora a luchar?-preguntó Aníbal secamente,conocía que Etbaal prefería estar con mujeres que en la lucha y si iba a la guerra era por el saqueo del final y por las presas.

-Ya he visto la masacre que has hecho,Aníbal. Y eso que dicen que la romana que parió a tus hijos te ablando- Aníbal estuvo tentado a sacar su espada y cortarle la garganta a Etbaal por siquiera nombrar a su mujer y a sus hijos.

-Kshyqti no me ablando. Ni mis hijos.

-Pase por la fortaleza y mi padre me ha dicho que la vio. Dice que Kshyqti es sumamente hermosa....- esas palabras hicieron que la ira de Aníbal se inflamase más. Etbaal no respetaba a las mujeres de sus hombres,ni a las esclavas y más si eran hermosas. Si decía que Adriana era hermosa y estaba en la fortificación....decidido,a partir del día siguiente Adriana estaría en el campamento con él .

-No la toques....Etbaal como siquiera la mires te arranco la cabeza....- amenazó Aníbal aferrando la espada pero sin desenvainarla. Etbaal sabiendo que se jugaba el cuello prefirió irse de ahí,ya tendría ocasión de comprobar si era verdad la belleza de la mujer de Aníbal,debía de ser verdad al ver como reacciono Aníbal.

-Aderbal,hermano, mañana quiero que vayas tú a por Adriana y la traigas aquí,no me fío de dejarla a ella y a los mocosos solos- Aderbal asintió, Aníbal se lo había ordenado a él porque él quería seguir con la lucha encarnizada y sabía que Aderbal no aguantaba a veces tanta violencia,y no conocía a nadie mejor que pudiese cuidar de su mujer y sus hijos a parte de él .

-Tranquilo,los traeré sanos y salvos a los tres- Élbir se sintió un poco ofendido porque ese tipo de tareas eran normalmente asignadas a él debido a que Aderbal tenía un rango muy superior al suyo.
Cuando salieron de la tienda,Aderbal noto en el joven Élbir los sentimientos negativos y celosos.

-Me lo mando a mi porque te necesita a ti aquí. Confía en tí para otra tarea con Adriana y los peques, si lo ve necesario,tú los llevarías a Cartago Nova- Élbir abrió mucho los ojos,¡Aníbal confiaba en él para custodiar a su familia hasta Cartago Nova si era necesario!

-No le defraudare- Aderbal asintió con la cabeza y se dirigió a su tienda a descansar. Aníbal y Aderbal como general y capitán gozaban de tiendas privadas,sólos los soldados con altos cargos los tenían,pero Élbir y su amigo Bolmícar tenían que compartir la tienda junto con otros soldados y las familias de estos,entre ellos Aldara y Tirso,la mujer y el hijo de Bolmícar. En fin,ya ascendería de categoría y algún día tendría ese lujo en el campo de batalla.

Aníbal estaba muy enfadado,había demostrado que no se había ablandado,pero estaba preocupado por Adriana y sus hijos. No se fiaba de dejarlos solos en la fortificación,había sido un ingenuo al pensar que Himilcon los trataría bien,quizás erraba al pensar eso, pero no se fiaba de Etbaal, no quería pensar en que pudiese tratar de tocarla. Como se atreviese a tocar uno solo de los cabellos de Adriana destriparía a Etbaal. No debía haber traído a Adriana y a los niños a Iberia,debía de haberlos dejado en Cartago. Había sido un egoísta al arrastrarlos hasta Iberia. Sería la última vez,Sadik irían con él cuando fuese mayor,pero ahora era demasiado pequeño. Nunca más volvería a llevarlos a la guerra. Nunca.

sábado, 18 de enero de 2014

Suavis Inimicitia "Iberia"



El viaje de Cartago a Iberia para Adriana y los niños fue muy largo e incluso insoportable,ya que Aníbal no les dejaba salir a la cubierta del barco,no se fiaba de dejar a su mujer sola,no por ella,si no por alguno de sus hombres.
            Pero menos mal que otros de sus soldados también se llevaban con ellos a sus mujeres e hijos,de modo que así Adriana estaba menos sola. Cuando llegaron a las costas íberas,Adriana pudo ver con sus propios ojos el Cabo de Agâtas (Cabo de Gata). Había escuchado las leyendas griegas que decían que por ahí pasaba el barquero Caronte para llevar las almas al Hades.

            -Es precioso- susurró Adriana observando a pesar de la niebla matinal la bahía íbera.

            -Si tu lo dices- Adriana solo podía estar en cubierta siempre en presencia de su marido,aunque sabía que ninguno de sus hombres osaría tocarla,pero toda precaución era poca- De aquí nos espera un largo camino a caballo hasta Baécula,¿sabes ir a caballo?-se esperaba oír que no,ya que en la Roma natal de Adriana estaba mal visto que la mujer supiese de la espada y de montar a caballo,de modo que esperaba una respuesta negativa.

            -Sí se- Aníbal la miro incrédulo y Adriana no pudo evitar ruborizarse mucho -No te enfades pero,obligue a Adelphos a enseñarme a montar a caballo y....a manejar la gladius- Aníbal no pudo evitar soltar una risita ronca,en cierta forma no se extrañaba que Adriana supiese manejar la espada,ya que el día que volvió de la guerra contra Roma vio que Adriana para defenderse tenía una espada falcata cerca de la cama.

            -Lo suponía,así que....- se llevó la mano al cinto donde no sólo llevaba su espada en su desgastada vaina de cuero,llevaba otra con la vaina más nueva,se la quito del cinto y se la tendió a su mujer.

            -¿Qué?

            -No quiero que vayas desprotegida por Iberia. Si sabes usarla,úsala sin miedo- con las manos temblorosas,Adriana tomo en sus manos la falcata. Aníbal confiaba en ella lo suficiente como para dejar en sus manos una espada,de modo que se la colgó del cinto.

            Horas más tarde,cuando ya habían desembarcado en el Cabo de Agâtas, y ya estaban rumbo a Baécula a caballo, Adriana iba a la grupa del caballo de su marido,llevando a su pequeña Aradna en una banda bien atada al hombro,dejándole las manos libres para estar sujetando fuertemente a Sadik que iba en el caballo entre sus padres. Era un poco incómodo pero era mejor que ir andando hasta Baécula.

            -¿Vais bien?- preguntó Aníbal girando la cabeza para mirar a su familia, Adriana asintió con la cabeza,pero el pequeño Sadik se notaba que estaba un poco cansado.- Mañana llegaremos a Baécula.

            El día fue largo y cansado,de modo que cuando la noche llego y acamparon para reanudar la marcha nada más despuntar el alba, Sadik cayó profundamente dormido,su hermana siguió el mismo camino y se durmió profundamente. Aníbal no durmió, estaba ansioso por la lucha pero por otro lado estaba preocupado por su familia. De todas maneras si veía que la cosa se ponía mal,podían Adriana y los niños,acompañados por alguno de sus soldados que seguramente sería Élbir, a Cartago Nova. Ahí estarían seguros si la situación entre los íberos iba mal y no pudiese protegerlos.
           
           En la tarde del día siguiente divisaron las murallas de Baécula, Adriana iba con la cabeza apoyada en la espalda de Aníbal,iba medio dormida,pero no podía dormirse del todo porque su hijo si iba dormido y sujeto por su madre con fuerza.

            -Kshyqti,ya llegamos- Aníbal le había dicho que debía de usar por precaución su nombre púnico,Kshyqti, de modo que solo en estricta privacidad la llamarían Adriana.

            -Fue muy largo el viaje....

            -Mañana ya empezare a batallar,no salgas a no ser que sea muy estrictamente necesario del palacio de Himilcon- Adriana asintió con la cabeza pesadamente,estaba cansada y lo que ansiaba en ese momento era dormir profundamente en la cama.


            No recordaba como llegó a aquella cama,solo recordaba que se bajo del caballo,seguramente llegaría tan cansada que no le prestaría atención a absolutamente nada y llegaría solo para acostarse en la cama. Miro a su lado y dormido a su lado estaba su hijo Sadik y a lado de la cama había una pequeña cuna donde dormía Aradna. Aníbal no estaba,lógico,se habría ido ya a guerrear con las tribus rebeldes a la autoridad cartaginesa. Adriana se levantó del lecho con cuidado para no despertar a sus hijos y se apresuro a asearse y a ponerse unas ropas íberas que le habían dejado en la habitación. Era bastante simple,una simple túnica de lana de color celeste con un cinturón de cuero trenzado que se ajustaba a su cintura. Picada por la curiosidad,decidió salir a explorar la fortaleza en lo que sus hijos dormían,pero fue abrir la puerta y encontrarse de lleno con una mujer íbera.

            -Buenos días,señora Melkart- dijo la mujer con un púnico algo tosco con un fuerte acento íbero. La mujer era más o menos de la altura de Adriana,con una larga cabellera ondulada rubia  suelta,sus ojos eran oscuros y traía en las manos unas ropas cuidadosamente dobladas.

            -H-hola....

            -Soy Altea,mi señora, esclava de Himilcon que fui designada a servirla.

            -De acuerdo....-menos mal que Altea hablaba en púnico,Adriana sabía muy pocas palabras en íbero. Adriana con cierto nerviosismo empezó a darle vueltas a su alianza de boda en lo que  Altea colocaba las ropas que le trajo. A excepción del anillo de bodas,cómo únicas joyas Adriana llevaba el collar íbero que Aníbal le regalo la primera vez que él se fue a Iberia estando casados y el brazalete dorado con serpientes de oro que la simbolizaba como la señora de la casa Melkart.

            -Por cierto,mi señora. Himilcon quiere conocerla. Llegó anoche tan cansada que su esposo la mando directamente al dormitorio.

            -¿Dónde esta mi esposo?

            -Sé fue con los hombres a la batalla. Los rebeldes que no aceptan la autoridad cartaginesa son pocos,por lo tanto su estancia en Iberia sera de unos meses- Adriana asintió con la cabeza,debía admitir que esa íbera le parecía simpática.

            Altea llevó a Adriana ante la presencia de Himilcon,el ex-suegro de Aníbal,debía admitir que estaba asustada por la presencia de Himilcon,a fin de cuentas era el padre de Delinenar y quizás para los íberos ella era sólo una romana sustituta de Delinenar.
            Himilcon era un hombre mayor,de unos sesenta y cinco años,de ahí que no luchase. Tenía el pelo canoso y el rostro marchito,pero sus ojos oscuros mantenían un brillo fiero,que se avivaron más al ver a la joven esposa de su ex yerno.

            -Kshyqti- musitó con voz neutral el íbero,acercándose a la joven romana, Adriana le mantuvo la mirada con valentía,pero estaba asustada y por pura cortesía había tenido que dejar la falcata en la habitación.

            -Sí- contesto Adriana. Himilcon estaba sorprendido notablemente por aquella joven romana por su belleza,su larga y oscura melena suelta,unos rasgos suaves y definidos con unos bellos ojos castaños claros,tan claros como la miel o como los de un venado además que Adriana a pesar de haber dado a luz dos hijos tenía una figura deseable.

            -Interesante- Himilcon hablaba fluídamente el púnico por tantos años en contacto con los cartagineses por tanto no había inconvenientes en el habla. El íbero sin palabra más tomo uno de los largos mechones oscuros de la muchacha. Pero Adriana se apresuro a quitárselo de las manos.

            -¡Vaya! Una romana que se tiene fiel al marido al parecer. No abundan las de tu calaña- Himilcon tenía razones para odiar a los romanos,por culpa de ellos su hija menor,Delinenar, había traicionado a Iberia y a Cartago por un romano,por muy cónsul que fuese su hija había traicionado a su familia por un romano,menos mal que su hijo mayor Etbaal se mantenía fiel a Iberia y Cartago. Y Aníbal,aquel muchacho que tanto apreció como yerno se había rebajado a casarse con una romana,por muy princesa que fuese,tanto romanos como romanas tenían fama de promiscuos y adúlteros,¿por qué esa joven,por muy hermosa que fuese, ser distinta?

            -Sí me ha llamado para insultarme déjeme irme con mis hijos.

            -Era simple curiosidad,muchacha, quería ver como era la joven por la cuál Aníbal se rebajo a desposar a una romana- Adriana frunció el ceño notablemente enfadada,no quería oír más a ese íbero hablando mal sobre Roma -Puedes volver a tu habitación,joven Kshyqti.
            Adriana no se lo pensó dos veces el irse de la presencia de Himilcon, no quería más sentirse insultada por el íbero. Pensó brevemente en que habría sido mejor quedarse en Cartago junto con Dido en vez de estar en Iberia,prácticamente sola y siendo el blanco del odio de Himilcon.

            -Señora,perdónele,los romanos en general no son plato de buen gusto para el amo ya sabe lo de Delinenar- trato Altea de justificar la mala educación de se señor.

            -Altea,no soporto que me insulten por ser romana- dijo Adriana con inesperada aspereza,arrepintiéndose en el momento al hablarle así a Altea -Perdona Altea,tu no tienes la culpa de como se comportó Himilcon.

            -No tiene que disculparse,señora.

            El resto del día lo paso Adriana con sus hijos jugando en la habitación en la que estaban destinados,Altea estuvo casi todo el rato con ellos,entre Adriana y Altea surgió una rápida amistad,quizás porque Altea fuese la única que la trato bien por el momento o porque la íbera estaba cansada de los abusos de Himilcon y su hijo Etbaal,además del trato de la mujer de Etbaal, Navia. Etbaal solía abusar de la pobre Altea con total consentimiento de Navia. También Himilcon gozaba de abusar de ella desde la adolescencia. Era su estigma de esclavitud,tener que aguantar las humillaciones y vejaciones de sus amos hasta el fin de sus días desde el día que nació. En parte estaba ilusionada con  la cándida Kshyqti,Altea desconocía el verdadero nombre de la mujer de el ex yerno de su amo. Ojalá los dioses la dejasen irse con ella.
 (Adriana con ropas íberas)
 (Adriana y Altea)

jueves, 16 de enero de 2014

Suavis Inimicitia "El mundo de los espíritus"


Aderbal a esas horas aún seguiría durmiendo,pero a Aníbal no le importaba lo más mínimo,de modo que cuando llegó a casa de Aderbal,toco con fuerza a la puerta,y le abrió un de los esclavos.

-¿Sí?

-Llama a Aderbal,dile que Aníbal esta esperándole- el esclavo asintió con la cabeza y fue rápidamente a llamar a Aderbal,que dormía plácidamente en la amplia cama matrimonial junto con Dido,cuando el esclavo llamo insistentemente a la puerta.

-¡En nombre de todos los dioses!- grito Dido ,que cabía decir que tenía a veces el mismo carácter que su hermano.

-Dido,no grites- pidió Aderbal despertando y dando un bostezo. Aderbal le dijo al esclavo que podía entrar.

-Mis señores,perdonadme,pero mi señora,vuestro hermano esta en la puerta.

-¿Aníbal? ¿Vais a ir a alguna parte?- preguntó Dido,Aderbal estaba ya levantado y preparando la ropa para irse,como mejor amigo de Aníbal era obvio que conocía lo que quería Aníbal.

-Sí. Lo siento por no decírtelo,cariño, volveré un poco tarde. Ya te lo contaré- le dio un tierno beso de buenos días a su mujer y fue a asearse y a vestirse rápidamente.

Los dos amigos no tardaron en estar rumbo a dónde quería ir Aníbal,al templo de Astarté.

-¿Estas seguro?- preguntó Aderbal dando un pequeño bostezo, Aníbal no dijo nada hasta que llegaron al templo de la diosa del inframundo. El púnico no creía que la sacerdotisa Mitra pudiese verdaderamente hablar con los muertos,pero necesitaba al menos intentar creer en algo. Los remordimientos le carcomían el alma y necesitaba aferrarse a cualquier cosa para aliviar su conciencia,no le valía con que su dulce Adriana confiase tanto en él que se negase a ver la verdad o que de verdad no creyese a Selene cuando le dijo de que él era el asesino de sus padres.

-Sí. Aderbal,necesito aferrarme a algo,lo que sea.

-Sé que te destroza ahora el que matases a Marcus y Cibeles. Pero,¿no sería más fácil decírselo a Adriana?

-Aderbal,si se lo digo mi matrimonio se acabara. Ella no querría vivir con el asesino de sus padres.

-Cierto- Aderbal le puso la mano en el hombro en señal de ánimo,conocía el infierno por el cuál su amigo estaba pasando,de hecho él mismo estuvo en el asalto a Siracusa. Entraron en el templo a la divinidad del inframundo,la siniestra Astarté,la semejante fenicia a la diosa de la fertilidad y esposa de Baal,Tanit. Astarté y Tanit se separaron hacía siglos siendo ahora dos diosas distintas,y los cartagineses asemejaron a Astarté al inframundo. Y sus sacerdotisas solían ser jóvenes con la supuesta habilidad para comunicarse con los espíritus de los muertos.
Mitra,la joven sacerdotisa de Astarté, estaba sentada sobre un altar de mármol cubierto con una piel de toro. Se decía que Mitra no dormía,de ahí que estuviese despierta. Mitra era una joven de apenas dieciocho años,de piel moren como todos los cartagineses,de pelo muy largo y lacio recogido en dos moños a ambos lados de la cabeza unos cuantos mechones,vestía con una sencilla túnica púrpura con un pronunciado escote hasta casi el ombligo.

-¿Mitra?- preguntó Aníbal aunque sabía que esa muchacha era la sacerdotisa.

-Sí,general Aníbal Melkart- ni se extraño porque supiese quién era él, era bien conocido en Cartago y no era de extrañar que la sacerdotisa supiese quién era él.

-Que sepas mi nombre no quiere decir que crea en tus supuestos poderes,Mitra.

-No deberías ser tan cerrado de mente,general. Sé porque estas aquí.

-¿De veras?

-Sí. Llevas sobre tu conciencia los remordimientos del asesinato a sangre fría de Marcus y Cibeles Augustus, los padres de tu esposa Adriana- la sacerdotisa se levanto y se acercó a Aníbal. Mitra era algo baja de estatura y desprendía un aura siniestra.

-Si sabes quién soy y porque estoy aquí,sabrás que deseo.

-Sé que quieres aliviar tu conciencia sabiendo si Marcus y Cibeles te perdonan y te dan su beneplácito de gozar de tu matrimonio- los oscuros ojos de Mitra desprendieron un brillo como de ida. Aníbal pensó racionalmente en que Mitra podría estar bajo los efectos del opio o de un fuerte vino. De improviso Mitra volvió ante el altar,detrás del altar se alzaba una imponente estatua de Astarté. Mitra tomo un cuenco y bebió de el y de golpe cayó al suelo poniendo sus ojos en blancos,preocupados,tanto Aníbal como Aderbal se acercaron a la sacerdotisa,la cuál empezó a hablar súbitamente.

-Aníbal Melkart,hijo de Hannon y Elisa Melkart,asesino despiadado de romanos. Pero que sobre tu conciencia pesa el crimen de los padres de tu esposa. Los dioses no están enfadados contigo,ni Cibeles,ella te da su bendición para estar con su hija,Adriana, pero no Marcus, él te guarda el rencor más absoluto. Cibeles te perdona,pero él no....ni la muerte le ha dado paz. Y por eso se valió de su hija Selene para arrebatarte a uno de tus hijos. Con eso se conforma pero te guarda rencor,pero aún así....protegiste a Adriana y por eso tolera tu matrimonio. Alivia tu conciencia pues- los ojos de Mitra volvieron a ponerse normal,pero los cerro quedándose profundamente dormida en el suelo. Aníbal cogió a la muchacha en brazos y la deposito en el altar antes de irse junto con Aderbal.

-¿Estás más tranquilo?- preguntó Aderbal,Aníbal asintió con la cabeza,necesitaba aferrarse a un clavo ardiendo y las palabras de una adolescente drogada con supuestos poderes no hacían efecto en él,pero necesitaba algo con lo que calmarse.

-Ahora me invitas a desayunar- dijo Aderbal arrancándole una muy leve sonrisa a Aníbal,debía admitir que también estaba hambriento y como aún tenían tiempo podían ir a desayunar a casa y de ahí irse juntos a los entrenamientos.

-¿Sigues queriendo llevar a Adriana y a los enanos a Iberia?

-Sí,¿te llevarás a Dido y a Âkil?

-No. Âkil tiene que estudiar y seguir con la pre-instrucción militar- ambos amigos se dirigieron a casa de Aníbal para desayunar. Pronto sería el momento de partir a Iberia. Unos cuantos días más tarde Élbir volvió de Roma trayendo consigo de las noticias de una especie de tregua con Roma,en fin,algo era algo. El joven soldado cartaginés había vuelto justo a tiempo para partir a Iberia.

¡Hoy es mi cumpleaños!

Hola a todos,hago un breve paréntesis para decir que hoy es mi cumpleaños,dieciocho nada menos :D. Ahora continuare la historia,solo queria compartir que hoy es un día especial para mi. ¡Un beso!

miércoles, 15 de enero de 2014

Suavis Inimicitia "Confianza"

(Hola :D os animo a seguirme en mi recién creada cuenta de twitter: @Sandryska18)


Esa noche,Aníbal volvió un poco más tarde de lo normal, Aderbal se empeño en que fuesen ellos dos solos a beber en una taberna, y necesitaba ese pequeño descanso,de modo que accedió. Cuando volvió esa noche a casa,creía que Adriana ya estaría dormida,pero le sorprendió al verla esperándole.

-¿Dónde estabas?- preguntó Adriana preocupada por si había pasado algo grave. Aníbal no contestó,se limitó a sentarse al borde de la cama y a empezar a quitarse las grebas,ese era uno de los días en que la armadura le pesaba demasiado y en vez de dejarlas en su sitio bien puestas,dejo las grebas ahí tiradas en el suelo,no tenía ganas de nada.

-Con Aderbal- contestó simplemente quitándose la coraza de bronce,tirándola también al suelo bastante desganado. Luego se desprendió del cinto donde colgaba la espada en su desgastada vaina de cuero,estaba agotado y mañana empezaba otra vez la rutina.

-Aníbal,vas a matarte a este paso- una vez más Adriana pareció leerle el pensamiento, se acercó a su marido y puso sus manos en los hombros de su marido y pudo notar la tensión muscular que Aníbal tenía acumulado. Sin más,para tratar de aliviarle empezó a masajear los hombros de su marido,él al notar como Adriana le estaba tratando no pudo evitar cerrar los ojos dejarse llevar por el trato de su mujer.

-¿Te va gustando?- preguntó Adriana obteniendo un “ajá” cómo única respuesta- ¿Puedo preguntarte algo?

-¿Puedo impedirlo?- a su manera le había dicho que si podía, Adriana inspiró profundamente porque sabía que ese tema era muy delicado para él.

-¿Cómo fue que heredaste los deberes de tu padre si él aún estaba vivo? Es decir....tú le mataste hace tres años.....-en vez de la violenta respuesta que creía obtener de él,Aníbal sólo emitió un gruñido de rencor.

-Porque se largo. A ver,si me case con Delinenar a los quince y él aún estaba y me divorcie a los veintiséis...pues cuando tenía dieciocho años,y en casa por aquel entonces estábamos,Hannon, Delinenar y yo,sin contar a los esclavos. Dido estaba en esa época casada con Asdrúbal. Pues en Iberia,Hannon sufrió una derrota humillante,perdió a casi todos sus hombres,por no decir a todos, y encima huyó. Sufrió la mayor deshonra,sólo su nombre y no sus hijos, por aquel entonces Arístides creo que ya estaba muerto...pues despojado de su cargo,sin la posibilidad de labrarse otro futuro,se fue de casa, se fue de Cartago a otra de las ciudades más importantes del Imperio cartaginés, Utica, y ahí sin apellido,para sobrevivir se volvió un pobre comerciante que ganaba lo justo para mal alimentarse. Pago por todo lo que me hizo,a parte de con su vida. El día que se fue, la carga de ser el amo de la casa paso a mi- Adriana se quedo sin habla,su suegro,por lo que Aníbal le había contado, odiaba a sus hijos, fue en su tiempo un buen general,pero la torpeza en esa batalla y el huir dejando a sus soldados ser masacrados le hacía carecer de honor. Aníbal en cambio era un general honorable. Comía con sus hombres en los campamentos,acampaba con sus hombres en la guerra. Padecía el mismo hambre,frío y desventajas que sus hombres en las guerras,por eso lo respetaban tanto y mostraba respeto a sus soldados.

-Aníbal, tu padre....

-No quiero hablar de ese pedazo de mierda. Ya no forma parte de mi vida,nunca fue un padre para mi,sólo me engendro. Adriana, mi familia siempre ha sido Dido,Aderbal y Âkil. Pero....ahora mi familia sois tú y los mocosos- una vez más,la coraza que recubría el corazón de Aníbal se resquebrajo, hablaba en serio, Adriana y sus hijos era su familia,había luchado mucho por tener a Adriana su lado, había engendrado a dos hijos que aunque no lo admitiese para nadie,pero a veces lo demostraba,eran su debilidad.

-¿Cuántos hijos te gustaría tener?- preguntó Adriana cambiando de tema repentinamente,¿no sería que.....?

-Adriana,¿estás....?

-No. Es simple curiosidad.

-Así esta bien. Dos son suficientes- Adriana tenía la ilusión de tener una familia numerosa,pero Aníbal de momento no quería tener ni un hijo más,quizás más adelante aún tenían tiempo para poder tener todos los hijos que quisieran. Aunque Aníbal tenía razón en que de momento con dos era suficiente, a veces Adriana creía que se volvería loca,pero todo el tiempo colmaba de amor a sus pequeños,pero prefería que Sadik y Aradna creciesen un poco más porque los niños necesitaban ahora toda su atención.

-Aníbal,cuando volvamos de Iberia,¿podrás descansar?

-Si se alarga lo suficiente la campaña,quizás llegaríamos para la festividad de Tanit,por motivos de festividad las actividades militares se suspenden un par de días.

-¿Sabes? La Saturnalia es una festividad romana en que los esclavos son libres un día.

-Tontería,se acostumbrarían a la libertad- ¡tan dulce como siempre! Aníbal se tumbo en la cama,apoyando la cabeza en la blandura de la almohada y cerró los ojos para tratar desesperadamente de dormir. Adriana al verlo tan agotado no quiso molestarlo y se tumbo en la cama a su lado,dándole la espalda a su marido,pero pronto noto como Aníbal pasaba el brazo por debajo de su cuerpo y la acerco contra él.

La noche paso rápida,pero Aníbal despertó antes del amanecer,normalmente su sueño acababa con el amanecer,pero despertó antes del amanecer,aún ni se atisbaba en el horizonte la luz del amanecer, se levanto de la cama sin despertar a Adriana y fue a asearse y a vestirse ya. Cuanto antes empezase el día antes acabaría,aunque sabía que aunque él madrugase sus hombres estarían a la hora de siempre. Pero tenía otros planes en mente. Y para eso iría a despertar a Aderbal.
Cuando había acabado de ponerse la armadura y se estaba poniendo los brazaletes de oro,escuchó como Sadik lloraba, a ver que le pasaba...sin más se encamino a la habitación del niño.

-Sadik,a dormir,aún es de noche- dijo apoyándose en el marco de la puerta,Sadik estaba hecho un ovillo entre las sábanas y miró a su padre un poco más calmado.

-Tuve una pesadilla.

-Los sueños son sólo sueños, Sadik- el pequeño no dejaba de sollozar, de modo que se acercó al niño y se llevó las manos al cuello para quitarse la cadena que tenía de la cuál colgaba una pequeña imagen de oro del dios Baal, había tenido dos,el primero que tuvo se lo dio a su mujer hacía años atrás y ahora esa sería para su hijo.

-Toma,esto te protegerá de todo mal- colgó la cadena al cuello del niño,que al relajarse por la presencia paterna y por ese gesto se sentía más protegido y no tardo en entregarse al sueño. Aníbal esbozó una sutil sonrisa se fue de ahí cerrando la puerta con mucho cuidado.

domingo, 12 de enero de 2014

Suavis Inimicitia "Temores y compañias"


A su vez,mientras que Élbir,Fabio y Adelphos cumplían la misión de viajar a Roma para tratar de negociar la paz entre Roma y Cartago,Aníbal aguardaba impaciente el regreso de Élbir con noticias de como había ido todo en ese maldito nido de ratas repugnantes llamada Roma. Aunque eso no le salvaría de viajar a Iberia,aunque esta vez se llevaría consigo a su familia,aunque no estaba completamente seguro de si hacía bien. Baécula.....estaba cansado de solo pensarlo e ir a la zona donde estaba Himilcón,su ex suegro.....no le hacía gracia alguna.
Aníbal no podía dormir una de esas noches previas a ir a Iberia,de modo que tras dejar la calidez del lecho conyugal y la placentera compañía de su esposa para salir al amplio balcón de la habitación para apoyarse en la barandilla y meditar mientras observaba el mar Mediterráneo. Suspiró y clavó su negra mirada en las aguas del mar. Estaba cansado de pensar el día que le esperaba en cuanto despuntase el sol, muchas veces la coraza de bronce le resultaba ligera,cómo una segunda piel,no en vano se pasaba muchas horas con la armadura puesta. Pero otras veces le pesaba demasiado tanto que a veces le resultaba agobiante. La espada falcata era casi una extensión de su brazo,aunque a veces por más que la limpiase seguía viendo en ella las manchas de sangre de años de teñirla de rojo. A veces su cargo le pesaba sobre los hombros cómo una carga demasiado pesada para un hombre,las vidas de sus hombres dependían de él,era el estratega y el general de su ejército,demasiada presión. Pero sacrificarse tenía su recompensa, podían él y su familia vivir con bastantes lujos,aunque hubiese sido un soldado de rango menor,la dote de Adriana le hubiese servido para vivir holgadamente. Pero no. Él era el hombre,debía cuidar de su familia,debía ser él quién trajese el sustento a su casa, dependían de él Adriana,Sadik y Aradna. Su mirada paso al interior de la habitación conyugal,concretamente en Adriana,que dormía plácidamente entre las sábanas en las que horas antes habían retozado,entró dentro para sentarse al borde de la cama y sus dedos empezaron a recorrer la suave piel de la espalda de Adriana,le gustaba el contacto de sus dedos sobre la piel de su mujer por la suavidad que esta tenía. Noto como Adriana se movía ligeramente y la vio girar la cabeza para mirarle,a la luz de la luna pudo ver como los labios de su esposa se curvaban en una sonrisa.

-¿Por qué no continuas lo que tus dedos han empezado?- preguntó Adriana con voz adormilada,Aníbal sin más negó con la cabeza,de momento se contentaba con esas caricias superficiales. -¿Te ocurre algo?- preguntó Adriana incorporándose en el lecho,podía intuir que algo le pasaba a su marido,él a veces era como el mar, cuando quería podía mostrar sus intenciones u otras era tan sombrío y turbio que no se podía saber que rondaba por su cabeza.

-Estoy preocupado por lo de Baécula. No se si debería permitirte ir a ti y a los mocosos.

-Estaremos bien. Tranquilo- Aníbal pego su frente con la de Adriana clavando sus ojos en esa mirada color miel,mirándose ambos de manera muy íntima y personal. El púnico adoraba esos ojos como los de un ciervo,tan hermosos....su hija Aradna había heredado los preciosos ojos de su madre y eso a la larga sería un problema,ya que si no se resistía a la mirada de Adriana con su hija no sería diferente.

-Te amo- mustió Adriana rozando sus labios con los de Aníbal,bastante provocación para que su marido no tardase en tomar la boca de su mujer con la suya,un beso muy superficial,pero Aníbal no tardo en intensificarlo,por muy cansado que estuviese nunca lo estaba para eso. Aunque nunca dijese que la amaba,no le hacía falta,lo demostraba no con palabras,sino con actos.

-No lo digas....-musitó Aníbal tras separar sus labios de los de su mujer -No lo digas....- repitió él echándose encima de su mujer,por muy preocupado que estuviese pero los momentos de pasión hacían que sus temores y preocupaciones se disipasen.

Amaneció nuevamente,por una noche Aníbal pudo dormir tranquilo,pero despertó antes de la hora de que tuviese que irse,unos instantes de paz entre las sábanas con su mujer....sin ropa. Inconscientemente acariciaba los largos cabellos de Adriana,enredándolos entre sus dedos y abriendo un poco los mechones en abanico. Adriana estaba acostumbrada a madrugar por culpa de su esposo,por lo cuál acabo despertando aunque fuese aún temprano.

-Buenos días- saludo Adriana tiernamente,Aníbal correspondió al saludo con un fogoso beso de buenos días,devorando los labios de su mujer,gesto apasionado que fue totalmente correspondido por Adriana, cuando se separaron Adriana no pudo evitar echarse a reír.

-Que fogoso estas- sonrió Adriana.

-Me gusta tenerse así...- musitó Aníbal levantando un poco la manta para ver el cuerpo desnudo de su mujer,ella volvió a taparse un poco avergonzada- ¿De qué te avergüenzas,mujer? No es la primera vez que te veo desnuda- dijo con cierta picardía,sacándole los colores a su mujer.

-Eres un demonio- rió Adriana mordisqueándole el labio inferior a Aníbal,dándole un leve tirón de manera juguetona. Suficiente provocación para Aníbal,había tiempo de sobra para entregarse nuevamente al amor,pero fueron interrumpidos por un llanto agudo muy conocido por ambos.

-Voy a ver como esta la niña- Adriana empujó a Aníbal para que se quitase de encima suya y se puso provisionalmente el vestido que había llevado anoche para ir a ver que le ocurría a su hija.


El resto del día era la rutina habitual,Aníbal fue con sus hombres para prepararse para la guerra y Adriana supervisaba las labores de los esclavos y atendía a sus hijos en casa. Pronto tendrían que ir a Iberia y tenían que aprovechar los días que estaban en sus hogar antes de ir a la Península Ibérica. Aníbal ya le había adelantado que ella tendría que ir con ropas íberas,para no ofender a los nativos,cosa que no molestaba a Adriana, y que tendría que usar más el nombre de Kshyqti, se sabía que ella era romana,pero debía disimularlo porque los romanos no eran plato de buen gusto para los íberos o los celtíberos. En fin, Iberia tampoco era plato de buen gusto para Adriana. Quedaba poco para partir a Baécula, unas dos semanas,dos semanas de descanso en casa,excepto para Aníbal. Para Adriana la vida de militar era cruel, constantemente en guerra, sin poder descansar en su propia casa un día,porque eran todos los días el tener que entrenarse,a excepción de algunas festividades,pero por lo general,Aníbal no paraba ni un momento, llevaba acumulado en su cuerpo el cansancio de día tras día. Guerra tras guerra,batalla tras batalla. Y por las noches a veces las pesadillas que torturaban la mente de Aníbal,pocas veces le decía sobre que eran esos sueños,a veces era la guerra,los actos de asesinato,batallas en las que casi perdió la vida. Otras los traumas infantiles que Aníbal trataba de encerrar en su mente,ya fuese los traumáticos meses que estuvo con el libio Eheder o con otros hombres con los que su padre tuvo negocios o tratos en los que Aníbal salía mal parado. Hannon Melkart, su suegro, Adriana lo veía una figura oscura y lejana,un hombre detestable que nunca tomo en consideración a ninguno de sus hijos,obligándoles a matrimonios concertados como el de Aníbal y Delinenar o Dido con Asdrúbal. Pero Hannon fue un brillante militar en el pasado que sólo cometió un fallo,pero un fallo gordísimo que le costo la carrera militar y “gracias” a eso pudo abandonar su casa,dejándole a Aníbal el peso de ser el nuevo amo de la casa. Pero nunca se le especifico que error fue,y quería saberlo,quería descubrir algo más del pasado de su marido,un pasado lleno de dolor y tristeza,pero ella quería asegurarse de que su presente y su futuro fuese todo lo contrario. Pero a la vez temía que al preguntarle por su pasado reabriese heridas ya cicatrizadas,pero ella le consolaría con lo que fuese y aguantaría si se ponía de muy mal humor. Quería comprenderlo,conocer su dolor y ayudarle a curarle.

viernes, 10 de enero de 2014

Suavis Inimicitia . '' El asesinato''


A pesar de ser romano y algo pacifista , seguía siendo un señor , por así decirlo . Una de las costumbres en Roma era ver a dos hombres , dos titanes , luchando uno contra el otro , con sus sudorosos torsos tostados y sus armaduras , las cuales les quemaba la piel y les dejaba marcas .


Ese día nuestro trío había entrado en el Coliseo pronto  , por la mañana ,ya que a la tarde partirían  y tendrían que ser rápidos para llegar al consejo romano lo antes posible , para así poder negociar sobre algunas cosas que beneficiasen a  estos dos grandes estados y no diesen muchos problemas,  para conseguir la perfecta convivencia.


Adlephos y Élbir miraban hacia la arena , donde ya se encontraban dos hombres en cada portón , esperando a que abriesen en el mismo para saludar a los señores de las casas de lucha y al  emperador , uno de los que gobernaban sobre esa ciudad .



- ¡ Esto es detestable ! - Dijo Adelphos cabreado , la verdad es que a él eso de utilizar esclavos para darle diversión a esos romanos  no era algo que le agradase , había muchos Cartagineses y soldados negros allí encerrados .




- ¡ Una vergüenza ! - Dijo tras eso Élbir , buscando a aquel pacifista llamado Fabio , el  cual se había alejado de ellos sin que lo viesen  , lo que le pareció raro  , no se separaba de él para nada .



Al cabo de una media hora de preparación y de combates Élbir desvió la mirada para mirar a aquel hombre que confundió a Fabio con una mujer  y el cual maltrató a muchos romanos , y asesinó a otros dos grandes amigos de Fabio. 
Al parecer Fabio , el que parecía no saber nada de aquel hombre , ya lo sabía todo.





- ¿ Qué está haciendo ? - Élbir se puso en pie rápidamente , golpeando el hombro de Adelphos como si le fuese la vida en ello.



 Adelphos estaba enfrascado en el combate , mirando a ambos gladiadores combatir , mirando rápidamente a Élbir.- ¿ ¡ QUÉ QUÉ QUÉ !?



Élbir señaló hacia la zona donde se encontraba aquel emperador , aquel Cónsul tan importante,  viendo como dos de los soldados  que estaban protegiéndole ya no estaban , habían desaparecido por arte de magia..o de muerte.


Mientras tanto Fabio  había despistado a aquellos soldados , avisándole de que unos bárbaros rondaban las afueras de aquel Coliseo , y los cuales buscaban la muerte de aquel Cónsul . 
Para dejarlos más seguros el chico dijo que se quedaría protegiéndole , que no le pasaría nada . 
Ellos le hicieron caso y echaron a correr , al o que él aprovechó , agarró una espada  imperial que había a su lado , desenvainó esta y tras eso se acercó lentamente  y alzó su espada , esperando a asestarle aquel fatal golpe , pero antes de poder hacer nada el Cónsul se giró con una de sus dagas , clavándolas en el estómago del muchacho , acercándolo al borde del estrado , con la intención de caerle de aquel sitio.





- ¿ Creías que no te había visto por el reflejo de la copa? - Dijo sonriente , presionando sobre la herida , forcejeando con el mismo , el cual gritaba de dolor , sangrando por la  misma  , por suerte  solo le había clavado  un poco  más de la punta , la protección cartaginesa le ayudó.



- ¡ NOOO ! - Élbir le hizo una señal a Adelphos para que le ayudase a sacarlos de allí a ambos , a l oque Adelphos correspondió corriendo por las gradas , para salir de allí y llevarse a ambos con el carro que tenían , tras eso Élbir corrió hasta el borde de las gradas y  saltó a la  arena , esquivando a ambos gladiadores , agarrando una de las lanzas de ellos , la cual estaba en el suelo , tras  eso la agarró con fuerza y tomó carrerilla hacia  el estrado , apuntándole al cónsul , lanzando ahora la misma jabalina  , hundiéndola rápidamente en el pecho del emperador , agarrando ahora rápidamente el cuerpo del joven romano , el cual caía a toda velocidad , pero consiguíó cogerlo.





Continuara....

jueves, 9 de enero de 2014

Suavis Inimicitia "Camino a Roma"


Tras haber descansado mientras comían en aquella taberna de Napolis (Nápoles) Adelphos,Fabio y Élbir tenían que esperar en esa misma posada a que fuese a por ellos un viejo amigo de Fabio,Claudio, quién les llevaría a Roma de incógnito,cabía decir que los dos romanos y el cartaginés iban con ropas de viaje,así nadie sabría que Adelphos y Fabio eran príncipes,todo por viajar sin inconvenientes y de manera discreta.

-¿Crees que Claudio tardará mucho en llegar?- preguntó Adelphos mientras estaban los tres fuera de la taberna,apoyados en la pared a que apareciese Claudio.

-Cómo ya te has llenado la barriga de comida y vino te entra la prisa ahora,Delphos- dijo Fabio picando a su hermano mayor,quién le dedico una mirada homicida,de haber podido le habría retorcido el pescuezo.

-No empecéis....- Élbir puso los ojos en blanco,aunque le caían muy bien los hermanos Iulia debía de admitir que a veces podían ser muy infantiles.
Pasaron un par de horas y Claudio no aparecía y el único que mantenía la calma era Fabio,ya que tanto su hermano como su amigo estaban inquietos y hartos de esperar el maldito transporte,andando habrían tardado menos en llegar a Roma. Así que mientras esperaban a Claudio,Adelphos fue a comprar algunas provisiones para el camino. Y cuando llegó y vio que no había llegado se empezó a enfadar de verdad.

-¡Fabio!- gritó una voz potente a la diestra de los tres soldados,que rápidamente se giraron para ver quién les llamo,aunque la reacción de Élbir fue agarrar instintivamente la espada que colgaba de su cinto.

-¡Claudio!- exclamó el joven Iulia. Claudio era un hombre mayor que iba encima de un carro tirado por un burro y sobre el carro había un gran montón de paja. No parecía un transporte bastante seguro para viajar hasta Roma,pero al menos sería discreto,al menos esperaban.

-Perdona el retraso,el burro no quería andar- con estas palabras obtuvo una risa por parte de Fabio y una mirada homicida por parte de Adelphos y Élbir -¡Anda! Subiros a la parte de atrás del carro. No hay bichos......creo- Fabio fue el primero de los tres en reaccionar y sentarse al lado de Claudio,por lo tanto su hermano y su amigo deberían ir detrás con toda la paja.

-En el nombre de Marte....- musitó Adelphos mientras iba con aire resignado a sentarse en la parte de atrás del carro,sobre la paja,la cuál no tardó en atravesar la tela de lino de sus ropas y clavarse un poco sobre su piel. Maldito Fabio....ojalá se astillase el trasero con la madera en la que iba sentado,al menos eso lo deseo el mayor de los dos.
Élbir no tardó en situarse al lado de Adelphos en el carro y también la paja se le clavó un poco aunque no se quejó. El cartaginés había escuchado que Adelphos había invocado el nombre de Marte,el dios de la guerra, y recordó al instante que Adelphos al contrario que Fabio y sus primas no era romano puro,por parte de padre era espartano,de ahí quizás su a veces brusquedad y su fiereza en el combate con tendencias suicidas. Aún recordaba cuando lo había visto luchar en Malta hacía ya casi un año atrás,digno hijo de Roma y Esparta.

-¡Anda ya!- gritó Adelphos dándole un golpe a Claudio en la espalda,que una vez casi recuperado del tremendo golpe,sacudió las riendas y chasqueo la lengua para que el animal empezase a andar.
Andaron horas y horas sin cruzar una palabra,al menos Adelphos y Élbir mientras que Claudio y Fabio no cesaban de hablar sobre varios temas,entre ellos filosofía y sobre Ailis. Se notaba que Fabio cuando hablaba sobre Ailis lo hacía con un tono de voz suave y tierno,era evidente que estaba locamente enamorado de su mujer. Adelphos al oír a su hermano alabando a su cuñada al principio le hizo gracia,pero después empezó a imitar arcadas,algo con lo que Élbir no pudo evitar sonreír.

-Tú deberías ser el último en reírte Adelphos,¿te recuerdo como te pones tú cuando hablas de Adriana?- replicó Fabio con dignidad a las burlas de su hermano.

-Vale,tienes razón- Élbir aún no se acostumbraba a saber que aquel príncipe sardónico estuviese enamorado de la esposa de su general,aunque aún no sabía si lo estaba o fue un capricho pasajero.

-¿Sigues enamorado de....?

-Sí,Élbir. Desde siempre,pero no quiero hablar de ello- dijo el príncipe tajantemente mientras desviaba su mirada hacía el cielo,estaba ya anocheciendo,deberían parar a descansar -Deberíamos parar y descansar.

-No hace falta,podéis dormir ahí perfectamente- Fabio no tardo en irse a la parte de atrás del carro para tumbarse en la paja entre su hermano y su amigo. El joven príncipe sardónico se quedo profundamente dormido en breve ante la sorpresa del resto de los viajeros.

-Será.....-musitó Adelphos,pero pronto una cálida sonrisa fraternal se dibujo en sus labios -Descansa,hermano- por muy mayores que se hiciesen Adelphos siempre sería en cierta forma ultra protector con su hermano menor,era la persona en quién más confiaba.

-¿Cuánto queda para llegar a Roma?- preguntó Élbir a Claudio,el mayor se quedo mirando al soldado,sabía que era cartaginés,había comerciado a veces con los cartagineses pero tras todas las guerras que había habido entre Roma y Cartago se había formado una desconfianza entre todos los romanos contra los cartagineses,aunque había excepciones,claro que habían surgido matrimonios,amistades y relaciones comerciales pero años de rivalidad no desaparecían de la noche a la mañana,de hecho los romanos usaban el término “gugga” como insulto para los púnicos.

-A mediodía de mañana llegaremos a las murallas de Roma.

La noche pasó lenta,ya que de los tres viajeros el único que pudo dormir fue Fabio,mientras que los otros dos no paraban de clavarse la paja e incluso llegaron a creer que les picó algún bicho,¿como Fabio podía dormir tan tranquilo? Era un misterio de los dioses.
Cuando el amanecer llegó,las murallas de Roma aún no se divisaban,pero quedaba cada vez menos para llegar al corazón de la República de Roma. Los tres soldados estaban deseando llegar ya y acabar con la misión,además Élbir tenía prisa porque en cuanto llegase a Cartago tendría que viajar a Iberia a luchar contra los íberos.

-Chicos,falta poco para llegar a Roma. Y tranquilos que este burro no se cansa- reía Claudio mientras giraba levemente su cabeza para mirar a los viajeros,que tenían unas marcadas ojeras a excepción de Fabio que había dormido como un lirón. Así que el resto del camino devoraron las provisiones que Adelphos había comprado en Napolis,eran unas simples tortas de trigo con algo de fruta y un pellejo de vino para todos. Tras devorar literalmente la comida se recostaron sobre la paja y entre el tener el estómago lleno de comida y bebida y que soplaba una suave brisa no tardaron en quedarse profundamente dormidos,además necesitarían las fuerzas para afrontar lo que les esperaba en Roma,aunque Adelphos y Fabio ya habían estado anteriormente en Roma.

-¡Chicos! Ya hemos llegado- los despertó el conductor,Élbir fue el primero en despertar y lo primero que sus ojos vieron fue las imponentes murallas de piedra de Roma. Roma,el enemigo de Cartago. La ciudad fundada por Rómulo y Remo,descendientes del traidor príncipe troyano Eneas,al menos era un traidor para vista de los cartagineses porque por su culpa de suicido la reina Dido,la fundadora de Cartago. Ese era el fin del viaje.