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sábado, 15 de marzo de 2014

Suavis Inimicitia "Pasión y amor"



No tardaron en entregarse a la pasión,llevaban días sin hacerlo y esa noche la iban a aprovechar,desde que se casaron la pasión no había disminuido lo más mínimo,si no todo al contrario,parecía que aumentaba cada noche más.
Esa noche Adriana estaba particularmente ansiosa de él,quizás porque en Iberia no habían tenido mucho tiempo juntos y eran escasas las noches de pasión que habían vivido juntos. Aníbal compartía esa ansia por su esposa,esa mujer le excitaba a niveles inimaginables.

-Esta noche vas a ser mía- dijo él con voz ronca y cargada de sensualidad,rodeando con sus fuertes brazos la cintura de Adriana,atrayéndola hacia su cuerpo,notando la deliciosa presión de los suaves pechos de Adriana contra su fuerte pecho. Sus bocas se buscaban con ansia,besándose con una mezcla de lujuria y pasión. Parecía que Aníbal quería compensar a Adriana por todo lo que ocurrió en Iberia.
Aníbal no tardo en lanzarla sobre la cama y desprenderse de sus ropas para colocarse encima de ella para subir la ropa de Adriana hasta su cintura,descubriendo sus suaves y a la vez firmes piernas,pero las palmas de sus manos,duras tras años de manejar la espada,ascendía hasta la entrepierna de Adriana,cuya humedad se notaba a pesar de la ropa interior de lino.
Adriana gimió de gusto al sentir los dedos de su esposo sobre su sexo al mismo tiempo que se devoraban los labios con lascivia. A pesar de su apariencia inocente e ingenua,Adriana podía ser tan fiera en el sexo como Aníbal,sólo había probado el sexo con él y siempre era fuerte,rudo y salvaje,para ellos eso era hacer el amor.
Pronto la ropa interior de la romana se esfumo de un simple y fuerte tirón,rompiéndolas. Aún entre mordiscos,besos,jadeos y alguna que otra palabra obscena,Aníbal penetró sin miramientos a Adriana con suma facilidad debido a la excitación que su esposa tenía,sintiendo de pronto la calidez que envolvía a su miembro. Adriana se arqueó hacía él,chocando con el desnudo y musculado torso de Aníbal,su cuerpo reaccionaba ante la invasión dándole una cálida bienvenida. Las fuertes manos de el cartaginés se aferraron a la cintura de Adriana,dónde estaba enroscada la fina túnica que ella llevaba,cubriéndola de cintura para arriba,clavando sus dedos en ella para empezar a embestir con su habitual rudeza y salvajismo,golpeando con fuerza su pelvis contra el cuerpo de Adriana,quién gemía de gusto y se retorcía de gozo al sentirse invadida con fuerza.

-Quítate eso....-ordenó entre gemidos y jadeos,a lo que Adriana no tardo en obedecer y descubrir por completo su cuerpo,concretamente lo que le interesaba a Aníbal,sus pechos,ahora le tocaba a él disfrutar de los juveniles pechos de su mujer,así que su boca no tardó en cerrarse sobre uno de los pechos de Adriana y su lengua empezó a lamer con cierta suavidad el pezón,arrancándole más gemidos a Adriana,pero no tardo en dejarse de suavidades para hacerlo con fuerza,lamiendo y succionando para que saliese la leche materna de los rebosantes pechos de la romana.
Adriana a su vez llevó sus manos a la espalda de su marido y empezó a pasar primero con una desesperante suavidad las uñas,hasta que estas se clavaron con cierta fuerza en la morena piel de Aníbal y trazar finas líneas rosadas que no tardaban en desaparecer. Aníbal tensó sus músculos ante los deliciosos arañazos que Adriana le proporcionaba en la espalda como si de una gatita juguetona se tratase,pero a diferencia de ella,él no se comportaría como tal,si no como un león,así que con algo de fuerza,mordió el pezón,arrancándole a Adriana un gemido mezcla de dolor y placer. Toda esta acción estaba a la vez siendo acompasada con fortísimas embestidas,los movimientos cada vez eran más bruscos y salvajes,llegando a dañarla un poco,pero Adriana disfrutaba de tal tortura. Aníbal para hacer la penetración más profunda colocó las piernas de Adriana sobre sus hombros,arañando a la vez con fuerza los muslos de su esposa a la vez que el vaivén de sus embestidas aumentaba.
Pero para disgusto de Adriana que estaba en los campos Elíseos debido al placer que su marido le estaba proporcionando,hubo un brusco cambio de postura. Aníbal soltó de golpe las piernas de Adriana para girarla,dejándole a cuatro patas,cómo los animales.

-Bruto....- murmuró Adriana entre gemidos,noto como nuevamente las manos de Aníbal se aferraban a su cintura y continuaba follándola con salvajismo y fuerza.

-Lo estabas deseando,¿verdad?- preguntó Aníbal con su voz aún enronquecida por la lujuria,no hacía falta que Adriana respondiese,podía notarlo por la abundante lubricación que emanaba el sexo de su mujer. Adriana gimió de gusto al mismo tiempo que movía también sus caderas al ritmo que le imponía el púnico,de manera insinuante,la romana movió la cabeza para agitar su oscura melena con claras intenciones de que quería que su marido le diese un fuerte tirón de pelos,cosa que Aníbal no se lo pensó dos veces,hundió una de sus manos en los cabellos de Adriana y le dio tal tirón de pelos como si quisiera arrancárselos de cuajo. Ella mordía la almohada para contenerse para no gritar,aunque Aníbal se lo estaba poniendo difícil.

-Grita,quiero oírte gozar como una perra- exigió Aníbal entre gemidos y jadeos de placer,entre otras palabras obscenas. Adriana gemía y jadeaba de placer,lo sentía más profundo,le gustaba sentirlo así. Aníbal también estaba disfrutando de esa sesión de sexo,las paredes vaginales de su esposa le apretaban un poco el miembro,pero le gustaba la deliciosa calidez y humedad que envolvían a a su miembro,con cada embestida se sentía más dentro de Adriana. Pero ella,con el orgullo que toda hija de Roma tenía,se incorporo un poco ,aún teniendo a su esposo a sus espaldas penetrándola.

-Déjame dominar....- susurro Adriana entre gemidos jadeos de placer,Aníbal seguía queriéndola compensar por todo lo que ocurrió en Iberia,salió de ella y se tumbo en la cama para no tardar de tener pronto a Adriana subida a horcajadas sobre él,sintiendo como el miembro de Aníbal se introducía en lo más profundo de ella. El cartaginés creía que Adriana iba a ser suave y tierna,pero se equivoco,podía ser igual de brusca que él,para ser la primera vez que le dominaba,se movía con fuerza,a la vez que ambos gemían y jadeaban de puro placer.
Las manos de Aníbal ascendían por el cuerpo de Adriana hasta sus pechos,primeros acariciándolos con suavidad,para después apretarlos con fuerza,haciendo que Adriana diese un grito de dolor.

-¡Bruto! ¡No hagas eso!- exclamó Adriana dolorida,debido a la lactancia tenía los pechos sumamente sensibles.
Aníbal se incorporo para devorar los labios de Adriana con lujuria y lascivia y volver a tumbarla en la cama,quedando él encima y dominando de nuevo . Adriana estaba al límite,Aníbal la llevaba cerca,muy cerca del clímax,pero cuando estaba a punto de llegar,Aníbal ralentizaba sus embestidas dejándola con la miel en los labios. Aníbal tampoco podía aguantar mucho más, de modo que embistió más fuerte para llegar ya al clímax. Adriana no aguantó mucho más,su cuerpo se tensó y dando gritos de puro placer acabó en un tremendo orgasmo,gritó y araño la espalda de Aníbal,quién al sentir cómo las paredes vaginales de Adriana se contraían y sentir los fluidos vaginales de su mujer saliendo de ella,se quedó encajado en las extrañas de Adriana y un torrente de esperma empezó a llenar el interior de la romana,con tanta fuerza que llegó a la salir un poco de su interior.

Se miraron a los ojos,agotados pero inmensamente satisfechos,él se dejo caer al lado de Adriana,quién no tardo en acurrucarse a su lado. Normalmente ahora sería el momento de los mimos y caricias,pero al menos Aníbal no lo hacía casi nunca. Cómo mucho rodeaba con su fuerte brazo a Adriana ,quién le gustaba sentirse abrazada y protegida por su marido.

-Te amo....-susurró Adriana.

-Duérmete- como siempre nunca iba a responder a que la amaba,nunca lo decía pero lo demostraba con acto,no con palabras.

Otro día acababa,pero antes de cerrar los ojos,Adriana pudo ver a través de las cortinas del balcón cómo la luna llena se alzaba en el cielo. Selene....se acordó brevemente de su hermana,debía de admitir que la echaba de menos a pesar de la traición de su hermana.





6 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Es un poco distinto a algunos,hacia tiempor que no subia una entrada tan....explicita

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  2. Es mejor demostrar que quieres a una persona... pero a veces reconforta que te lo digan.

    Me ha gustado el relato, como han dicho.. es intenso

    un besooo

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    1. Él ninca lo dice,pero se lo demuestra mucho a Adriana aparte de con el sexo.
      Un beso

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  3. Excelente relato.... Muy interesante...

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    1. Muchas gracias por tu comentario,me agrada de qie te guste.

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