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miércoles, 23 de abril de 2014

Suavis Inimicitia: "Confesiones"


El joven Aníbal les habló un poco sobre su vida,que le criaron sus abuelos maternos cuando quedo huérfano y que su infancia a excepción de eso fue bastante feliz,heredando de su padre el amor a la filosofía y a la vida. Élbir no pudo evitar reír porque se acordó de Fabio y de cuando le hablaba de los filósofos griegos y romanos,aunque muchas veces Élbir no le seguía el hilo,pero asentía con la cabeza como si entendiese,aunque Fabio muchas veces cuando veía eso le decía tonterías a Élbir para captar su atención de nuevo como por ejemplo decirle no se que cosa de conejos devoradores de hombres.
El general Aníbal le habló a su sobrino sobre su familia. Le dijo que era general del ejército cartaginés,que se había casado dos veces,pero que el primero fue concertado cuando era un chiquillo y que el segundo fue con una princesa romana de Siracusa,Adriana, y que tenía tres hijos con Adriana. El filósofo de quedo con la boca abierta,¡¿la princesa de Siracusa?! A los griegos aún les dolía la pérdida de Sicilia y sobretodo de Siracusa. Así que no se creía que su tío se hubiese emparentado con la realeza de Siracusa.

-Ha si que estas emparentado con la realeza de Siracusa...-musitó el filósofo y acto seguido se encogió de hombros -bueno cada uno se casa con quién quiere.

-Aún no he terminado- señalo a Aderbal con la mano,le extrañaba que estuviese tan callado,quizás porque pensaba que ese momento era para su hermano de leche y su sobrino político.

-Aderbal es tu tío político. Esta casado con mi hermana mayor,tu tía Dido.

-¿Eres también mi tío?

-Político,si- Aderbal esbozó una sonrisa amigable,ese joven profesor era su familia también,la familia de su esposa y su cuñado era la suya. Adoraba a sus sobrinos casi tanto como a su hija Adama y a su hijastro Âkil que lo amaba como si fuese su hijo biológico.

-¿Y tú y mi tía tenéis hijos?

-Sí. Un hijo Âkil de trece años y Adama que esta recién nacida- el brillo de ilusión en los ojos del joven Aníbal se intensificó,adoraba los niños,no era en vano era profesor. Como Élbir se estaba aburriendo y tenía total consentimiento del dueño de la casa de ojear alguno de los pergaminos que había esparcidos por ahí,cogió uno al azar y lo empezó a leer,interesante.....parecía que el sobrino de su general aparte de profesor y filósofo era poeta y tenía diversos escritos hablando sobre distintos temas,embelleciéndolos a niveles increíbles.

No les costo mucho a los púnicos convencer al joven Aníbal que fuese con ellos a Cartago en cuanto despuntase el día y abandonar Grecia,el joven filósofo debía de admitir que se moría por viajar,llevaba veintiséis años sin salir de Grecia y quería conocer el lugar de donde era su padre. Además que se moría de ganas de conocer al resto de la familia.

Así que a la mañana siguiente,mediante un generoso soborno,consiguieron colarse en un barco mercante que iba rumbo a las costas de Cartago,así que solo era cuestión de unas semanas en llegar al norte de África. Esa noche,Aníbal no podía dormir,en parte porque no estaba cómodo ya que les tocaba dormir en la bodega y porque Aderbal no cesaba de roncar fuertemente,envidió a Élbir y a su sobrino que dormían de un tirón al parecer,de modo que Aníbal se levantó y salió a la cubierta,dejando que la fría brisa nocturna marítima propia de los meses invernales en los que estaban llenasen sus pulmones. Inspiró profundamente,añoraba a su familia aunque no lo dijese ni lo demostrase,prefería en esos momentos dormir en su cama en compañía de su mujer,su dulce Adriana....estaría en compañía de sus hijos,Sadik,Aradna y Amílcar....se moría por abrazarlos de nuevo aunque no lo admitiese ni a si mismo.

-¿No puedes dormir?-preguntó una voz ya conocida para él; Aníbal,su sobrino.

-¿Tú puedes con los ronquidos de Aderbal?

-No- rió el joven colocándose al lado de su tío. Debía de admitir que se le hacía bastante raro,para ser el hermano menor de su padre imponía bastante,quizás porque era más alto y corpulento que él,o porque él era un humilde maestro y su tío un alto cargo militar.

-¿En qué piensas?- preguntó a su tío.

-En mi familia- no sabía porque tenía esa inclinación a abrirse con su sobrino,quizás porque le recordaba vagamente a su hermano mayor.

-¿Adriana es muy bella?

-Ni la propia Helena de Troya rivalizaría con ella.

-Si que es hermosa...

-Es la mujer más hermosa que he podido ver a lo largo de mi vida. No sólo su belleza física,tiene una dulzura y una ternura que me vuelve loco. Aunque tiene su carácter cuando quiere. Es más que la madre de mis hijos y mi esposa; es mi compañera. Baal la puso en mi camino primero para torturarme....

-¿Torturarte?- preguntó sorprendido el menor de los dos. Aníbal suspiró,aún recordaba que al principio creía que Adriana era un maldición,un castigo por todas sus faltas.

-Cuando asalté junto con mis hombres el palacio de Siracusa,ella estaba ahí,era apenas una niña de seis años,su madre murió y yo salve a Adriana de mi propia espada,antes de que lo preguntes,sí,quise matarla. Pero no pude,me miró a los ojos y algo...no se que fue me lo impidió....

-Se dice en Grecia que Eros,el dios del amor,atraviesa con su flecha a los hombres en cuanto se enamoran....

-La salve de mi mismo. Y cuando perdimos Sicilia y la ganaron los romanos,se la pedí a su abuelo Julius en matrimonio a cambio de Siracusa. Accedió y menos de un mes ya la tenía en Cartago,en mi casa,asustada de mi. Cada noche antes de nuestra boda fue un suplicio, cada instante cuando la veía me hacía arder de una mezcla de ira y deseo. Odiaba su inocencia y su candor. Pero no sé...después todo cambio de la noche a la mañana,deje de verla como una romana,si no como una mujer,empecé a apreciar su inocencia y su candor- no se veía capaz de describir lo que había sentido por Adriana en el pasado,una mezcla del deseo y el odio más puro y vengativo. Había llegado a odiarla,a maldecirla,a querer acabar con su vida. Pero algo más fuerte que el odio se lo impedía y en cuanto Adriana y él se desposaron la venda del odio y el rencor hacía el origen de Adriana desapareció y la vio por primera vez no como una princesa romana,si no que vio a través de su corona a la mujer que era. Se enamoró más de ella.

(Aníbal hijo de Arístides)


(el poeta)


6 comentarios:

  1. ¡Cómo habla de ella! Está lleno de sentimiento.
    Besos de Pecado.

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    1. El amor toca hasta en las personas mas duras.
      Un beso guapa

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  2. estoy aprendiendo
    Y cuando vengo a tu blog
    me enciendo
    Carlos

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    1. Gracias por pasarte n.n siempre es un placer tenerte por aqui.
      Un beso

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  3. ¡Me ha encantado el relato de hoy!! =D
    sigue así.

    un besooooo

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  4. me ha encantado, se nota que Aníbal ama a Adriana.

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