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jueves, 28 de noviembre de 2013

Suavis Inimicitia: "Dudas y compañias"



-Estas de broma,¿verdad?- le dijo Adriana esa noche una vez que estaban solos en la alcoba conyugal. Aníbal no había tenido mucho tacto a la hora de decirle a su mujer que debía volver a irse a Iberia.

-Nunca bromeo.- dijo Aníbal simplemente cambiándose de ropa para ponerse una simple túnica de lino,era ya casi invierno y su costumbre de dormir semidesnudo desaparecía en los meses de invierno.

-No hace ni un año que volviste de la guerra con Roma,¿y ya quieren mandarte otra vez a la guerra? ¡Vas a matarte a este paso!- grito Adriana. No quería que su marido volviese a la guerra,no quería que la dejase sola otra vez y con los dos niños.

-Lo se Adriana,lo se. ¿Tú crees que quiero irme a Baécula?

-¡Encima a Baécula!¡De dónde casualmente es la puta de tu ex esposa!- gritó Adriana,era obvio que nuevamente Adriana estaba celosa de Delinenar. Aunque ya había visto que no tenía motivos para estarlo.

-¿¡Otra vez vas a ponerte celosa!? ¡No seas niña!- a veces Aníbal olvidaba la diferencia de veinte años que los separaba. Que cuando él estaba luchando cuando ella estaba aprendiendo a gatear. Que ella ahora tenía apenas diecinueve años años y él casi cuarenta años. Era una niña. Una niña que se vio obligada a crecer de golpe,que a esa edad ya llevase dos hijos a su cargo.

-¡Tengo motivos! ¡Cada poco quieres irte y dejarme aquí sola en Cartago!- Aníbal para callarla le dio un fiero beso en los labios pero Adriana se resistió por primera vez de un beso de su marido,no quería que usase sus besos para callarla. Cuando se separaron, el enfado de Adriana no se había pasado.

-Adriana,esta vez vendrás conmigo.- los ojos de venado de Adriana se abrieron de par en par.¿Ella ir a Iberia? ¿Con él?

-¿Y los niños?- preguntó anonadada.

-También.- empujo a Adriana sobre la cama y no tardo en colocarse encima de ella.

Una vez termino,Aníbal creyó que el acoplamiento amoroso había hecho que Adriana fuese a decir que si a lo de acompañarle a Baécula con los pequeños monstruitos.

-Entonces vendrás a Baécula.- afirmó el púnico atrayendo a su mujer contra él,aunque Adriana se revolvió un poco a modo de protesta,pero fue una protesta muy débil. Por fin él quería que le acompañase. Pero los niños....eran muy pequeños,pero no quería separarse de sus bebés.

-Sí. Pero los niños vienen,¿no?

-Sí. Tras la boda de tu primo nos iremos a Baécula. Estarás protegida,tanto tu como los mocosos.

-Tengo miedo....nunca salí de Italia o ahora de Cartago....-la joven se acurruco contra el musculado cuerpo de su marido y sus dedos acariciaron casi con temor las cicatrices que surcaban el cuerpo de Aníbal,la que más miedo le daba era la enorme cicatriz que tenía en la espalda,desde el omoplato derecho hasta el costado izquierdo. Ella tenía sus propias cicatrices,las estrías de sus embarazos,¿serían comparables? Unas de las guerras,de salvar su vida y segar las de otros. Unas por albergar una vida y dar a luz. Muerte y vida. Adriana se recostó sobre su marido,apoyándose en su pecho,incitante.

-¿Vas a provocarme,princesa?

-No.- una inocente sonrisa se dibujo en los labios de Adriana y justo cuando iba a volver a besar los labios de su marido,sonó un llanto muy conocido.

-Malditos críos....- musito Aníbal quitándose de encima a su mujer.- Ve a ver que tripa se le ha roto a la mocosa.

-¡No digas eso!- Adriana se apresuró a ponerse una sencilla túnica de lino para ir a atender a Aradna. Aníbal suspiró,pequeños monstruos que ocupaban el tiempo de Adriana....

-¡Atia!- era la voz de Adriana llamando a gritos a la niñera de la cría,¿habría pasado algo? ¡Bah! Fuese lo que fuese lo podría solucionar Adriana. Pero Aníbal se sintió inquieto,de modo que tras vestirse fue a ver que pasaba.

-¿Qué ocurre?- preguntó entrando en la habitación dónde estaba su mujer con la cría,Adriana estaba con la niña en brazos y Atia poniéndole un paño húmedo en la frente a la pequeña.

-Tiene fiebre.- murmuro Adriana muy preocupada,Aníbal se acerco a su mujer y a su hija para poner la mano en la mejilla de la pequeña,efectivamente estaba caliente después la puso en la frente de la niña y por el paño húmedo en la frente no se le notaba tanto.

-Aradna,vas a ponerte bien.- decía Adriana notablemente preocupada por la pequeña.

-Los niños pequeños tienen el vicio de ponerse malos.

-Sadik no tanto,Aníbal.....

-Âkil estaba muchas veces enfermo. Y parte de la culpa la tienes tú,Adriana.- ella le dedico a una mirada de evidente enfado a su marido,¿cómo se atrevía a decir que era parte culpa suya que Ara se pusiera enferma?

-A ver mujer. Los mocosos los tienes muy mimados,mira,los mocosos que son de las castas bajas de Cartago no están tan mimados. Con un poco de frío los tienes protegidos como si estuviesen en el norte de Germania,los otros niños van aún descalzos y no enferman tanto porque se inmunizan.- Adriana lo miro sorprendida,para decir que no sabía nada de niños y que no le gustaban bien que sabía cosas y tratarlos.

-¿Cómo.....?

-En mi ejército muchos son padres. Y que cuando te quedaste embarazada de Sadik,Dido me forzó a aprender cosas de mocosos. Aunque tu sin haber tenido experiencia estas criando bien a los mocosos.- con este vasto halago, Aníbal le decía a su esposa que era buena madre. Adriana agradeció eso. Tenía que admitir que su esposo tenía razón,tenía que dejar que sus hijos fuesen más niños y no protegerlos tanto.

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