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domingo, 1 de diciembre de 2013

Suavis Inimicitia "Reencuentros y remordimientos"


A los pocos días ya tuvieron que ir a Sardonia a la boda de Fabio. Élbir estaba deseando volver a ver a su amigo y felicitarle en persona por su boda con la bella Ailis de Catania. Adriana estaba también ilusionada,su querido Fabio se casaba con una de sus mejores amigas. Esta situación la hacía sentirse como lo que era,una adolescente.
Aníbal por su parte le había prometido a Adriana que no entraría en conflicto con nadie,pero estar en tierras romanas....no era plato de su gusto. Antes Sardonia y Corsica (Córcega) eran propiedad de Cartago por las minas de plata de ambas islas. Pero ahora eran provincias romanas.
Sadik estaba muy emocionado,era la primera vez que viajaba fuera de Cartago,aunque también fuese su hermana, lo importante es que iba con su familia fuera de África.

Tardaron unos días,pero en cuanto llegaron al puerto de Sardonia,Fabio y Ailis les estaban esperando. Había que admitir que Fabio y Ailis hacían una muy buena pareja,ambos tan tranquilos y amantes de la filosofía,desde pequeños habían tenido muchas largas conversaciones sobre los filósofos griegos. Y lo importante,se casaban por amor,no por unión política u otra cosa.
Ailis cuando vio a Adriana se apresuro a abrazarla,Adriana lo habría correspondido de no llevar a Aradna en brazos.

-Adriana,¿cómo estas,querida?- preguntó Ailis sonriendo ampliamente acariciando con suma suavidad una de las mejillas de la pequeña Aradna.- Salve,pequeña Aradna.

-Muy feliz por ti Ailis,por fin puedo presentarte a mi hija.- Adriana y Ailis se comunicaban mediante cartas,de ese modo sabía el nombre de la hija de su amiga. Ailis levantó la cabeza y esbozo una sonrisa ante los visitantes púnicos.- Salve.
Élbir y Fabio se miraron y se saludaron con un simple gesto,luego más tarde en el palacio hablarían tranquilos y echarían una partida al latrunculi (ajedrez) un juego al que Élbir estaba empeñado en ganar al estratégico Fabio,cosa un tanto imposible,Fabio era imbatible en las estrategias.

-¿Tuvisteis un buen viaje?- preguntó Fabio a Aníbal,el púnico miro al joven,debía admitir que ese chico le caía bastante bien,lástima que fuese romano,un oficial así era una bendición de los dioses.

-Sí.- contesto simplemente,Aníbal llevaba a Sadik en brazos,el cuál dormía profundamente, bastante había aguantado el pobre casi todo el viaje despierto por la emoción de todo lo que pasaba.

-Sadik esta mucho más grande de la última vez que lo vi.- comento Ailis a Adriana al ver al niño en brazos de su padre.

-Crece por días.- Fabio y Ailis les acompañaron al palacio de la realiza de Sardonia,Adelphos estaba reunido con un embajador de Corsica,de ahí que no pudiese ir a recibir a los invitados de la boda de su hermano. Los que si les esperaban en el palacio era Dafne,la tía de Adriana. La princesa no había visto en mucho tiempo a su tía,ni había visto en persona a sus sobrinos -nietos, Adriana le había hablado de ellos por carta,pero nunca los había visto en persona a los nietos de Cibeles,su hermana.
Dafne era la viva imagen de Cibeles,lógico siendo melliza de Cibeles, de cabellos castaño oscuro ondulado y los ojos castaños oscuros. Para sus casi treinta y cinco años y haber dado a luz dos hijos estaba muy bien físicamente.

-Adriana,cuantísimo tiempo.- dijo Dafne dándole un cálido abrazo a su sobrina,que nuevamente no pudo corresponder porque Adriana llevaba en sus brazos a Aradna,que dormía profundamente también.

-Lo sé,tía Dafne.

-Esta preciosidad tiene que ser Aradna.- dijo la mujer mirando a la niña,Adriana sólo asintió con la cabeza y señalo a Aníbal y a Sadik.

-Ellos son mi marido Aníbal y mi otro hijo,Sadik.- Dafne se acercó al púnico,cuyo rostro no delataba expresión alguna,pero un escalofrío recorrió su columna vertebral ante la presencia de Dafne,era igual a Cibeles y de inmediato recordó la noche en la que asesinó a Cibeles,nuevamente los remordimientos cayeron en su mente como una losa.

-Que guapo es este niño,aunque esta dormido como un lirón.- rió Dafne al ver a Sadik dormido en brazos de su padre.- Encantada de conocerte Aníbal.- dijo la mujer al marido de su sobrina.

-Lo mismo digo,Dafne. Le debo la vida a uno de sus hijos.- iba a cumplir la promesa que le hizo a Adriana de tratar de llevarse bien con su familia,normalmente habría respondido mucho más breve, pero se lo prometió a Adriana y nunca rompía su palabra.

-Te llevaste a la hija de mi hermana que tiene más sangre de la dinastía de Dionisio. Selene tiene más sangre Augustus que de la nuestra.- sonrío levemente Dafne,la mujer era feliz con su marido y sus hijos,pero aún le pesaba la muerte de su hermana a manos de un cartaginés,lo que no sospechaba es que ese cartaginés lo tenía delante de ella.

-Lo sé.- contesto simplemente Aníbal,quería hablar lo mínimo con Dafne porque le recordaba demasiado a Cibeles y eso le superaba un poco.

Fueron conducidos cada uno a sus habitaciones para que descansasen,por una vez Aníbal tuvo que tolerar que los niños durmiesen en la misma habitación que él y con Adriana.
Obviamente delante de los niños no iban a hacer nada,salvo dormir. Los niños estaban agotados por el viaje y Adriana los acostó ya a Sadik en una pequeña cama que había especialmente para él y en una cuna para Ara. Dafne había pensado en todo.
Aníbal se tumbo en la cama sin cambiarse aún de ropa,estaba cansado y mañana les tocaba la boda,lo más cansado,menos mal que estaría el vino. No tardo en tener a Adriana tumbada a su lado en la cama.

-Te pasa algo.- dijo de golpe Adriana notando el estado de ánimo de su marido,él no dijo ni hizo nada. Estaba cansado y lleno de remordimientos.

-Duerme mujer- dijo él con frialdad levantándose del lecho para cambiarse de ropa a una más cómoda y poder dormir.

No durmió nada.
Otra vez tuvo pesadillas,pero estas pesadillas eran por el crimen que llevaba a sus espaldas,uno de tantos,pero el que más le pesaba era el asesinato de Marcus y Cibeles,los padres de Adriana. El haber estado ante Dafne,el vivo retrato de Cibeles removió en su interior los remordimientos del crimen. Había sido muy cruel privando a Adriana del amor y el cariño de sus padres,ahora que era padre podían entender a la perfección el porque Cibeles trato de esconder a Adriana de él aquella noche. Aquella noche que vio por primera vez a Adriana,aquella noche que derramó la sangre de Cibeles en la misma habitación en la que en un cesto bajo unas sábanas,envuelta en las blancas tinieblas estaba Adriana con apenas seis años. No llegó a verlo,pero Aníbal es que estuvo varios minutos ahí plantado,regodeándose del crimen cuando Adriana llamó a su madre muy asustada. Cuando él la saco del cesto,inocentemente Adriana creía que el que asesino a su madre se había ido y Aníbal era otro soldado. Cuanto se equivocaba.

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