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miércoles, 4 de diciembre de 2013

Suavis Inimicitia "Doloroso recuerdo"



Cuando asaltaron el palacio de Siracusa,Aníbal fue directamente a buscar los aposentos de Marcus y Cibeles,quería acabar con ellos y con su estirpe y luego acabar con Julius,¿por qué? Respuesta: en Iberia Julius le había humillado al ganarle una batalla,cabía decir que Aníbal era aún un general inexperto y Julius un cónsul experimentado. No sólo Julius le humillo. Si no también Marcus,ese muchacho arrogante y malcriado. Juró vengarse golpeándoles dónde más podía dolerles,además de recuperar Sicilia de manos romanas.
Avanzaba por el palacio dejando a su paso una estela de cadáveres de soldados o esclavos,cualquiera que se interpusiera en su camino,su espada se iba tiñendo más de rojo,su coraza salpicada de carmesí,sus manos y su rostro llenos de sangre. No iba a parar. Cuando por fin llegó a la puerta de la alcoba matrimonial y trato de abrirla vio que estaba atrancada,fácil solución ,pateo la puerta y se abrió sin resistencia alguna. Lo que se encontró en la habitación no le sorprendió. Una hermosa mujer joven que le esperaba con gesto decidido y determinación suicida en la mirada,sus brazos estaban en jarra sobre las caderas.

-¿Dónde esta Marcus?- preguntó fríamente,quería también asesinar a Marcus,quería vengarse sobretodo de Julius con la sangre de su hijo y la familia de su hijo.

-No está aquí- respondió Cibeles,la mujer miró disimuladamente a un cesto de mimbre que había ahí. Pero Aníbal no le dio importancia, se acercó a Cibeles con la espada en la mano,sin inmutarse de la valentía de la mujer y la innegable belleza de la princesa de Siracusa. Habría otras cosas peores que la muerte para Cibeles,podría violarla y dejarla vivir con la deshonra. Pero a él no le importaba su honra,quería su sangre derramada.

-Te reunirás con él pronto- dijo Aníbal con inesperada calma,Cibeles frunció el ceño con gesto de duda.-¡En el mundo de los muertos!- especifico él agarrando a Cibeles por la nuca para acercarla a él.- Te envió al reino de Astarte- (diosa del Inframundo) sin más,Aníbal hundió su espada ya ensangrentada en el vientre de la mujer,de inmediato el blanco vestido de Cibeles se tiño rápidamente de rojo,su vida a la corta edad de veintiún años tocaba a su fin. Al menos esperaba que su pequeña hija no viese nada desde el cesto. Su último pensamiento antes de que el acero se hundiese en su cuerpo fue una petición a la diosa Diana,protectora de Siracusa:

-”Cuida de mis hijas gran diosa de Siracusa,te las confió a ti”- fue el último pensamiento de Cibeles antes de que la espada de Aníbal se clavase en sus entrañas.
Con cada gota de sangre que salía de su ser,la vida se le iba, de sus labios salió un gemido acompañado por un hilo de sangre. Cayó de rodillas ante Aníbal y al poco se desplomo completamente en el suelo,muerta a los pies de su enemigo. Aníbal le dedico una mirada a Cibeles sin sentimiento alguno. Era solo una mujer. No supo cuanto tiempo estuvo ahí hasta que escuchó un pequeño ruido en la habitación y el sonido de una dulce voz de infante.

-¿Mater?- esa voz provenía del cesto de mimbre al que Cibeles le había dedicado una disimulada mirada. “¿Mater?” Eso era madre en latín. Era verdad que Aníbal había escuchado que Marcus y Cibeles a pesar de su juventud tenían dos hijas mellizas,los nombres no los sabía. Lo único que sabía era que cada una de las niñas estaba más apegada a uno de sus progenitores.
Se acercó lentamente al cesto aún con la espada empapada en la sangre de Cibeles hasta situarse enfrente del cesto,si escuchaba bien podía escuchar el sonido de una respiración acelerada de una pequeña criatura escondida de él. Sin delicadeza alguna,pateo el cesto con un poco de fuerza y este cayó al suelo,separándose del cesto la tapadera de mimbre,que rodó alejándose un poco del cesto,salió del cesto un revoltijo de sábanas blanca que se movieron,desenvolviéndose una niña de apenas seis años,con un pequeño vestido azulado y con una corta melena negra cómo el ala de un cuervo. La niña miró momentáneamente a dónde yacía el cuerpo inerte de su madre y la niña no pudo evitar dar un grito de miedo al ver el cadáver de su madre.
Aníbal movido cómo un autómata,levantó la espada dispuesto a descargarla contra el pequeño cuerpo infantil,pero inesperadamente la niña levantó la cabeza para mirar al cartaginés. Por primera vez los ojos de Aníbal y Adriana se cruzaron. Fue la primera vez que Aníbal vio semejantes ojos del mismo color que los ojos de un ciervo,bueno,la segunda,la primera vez fue en los ojos de Marcus. Pero si era la primera vez que lo veía en un rostro lleno de pureza e inocencia. La niña tenía un rostro redondo con una piel inmaculada,unas pestañas muy negras y espesas,con ese color tan raro de ojos. Se la veía tan frágil e inocente. Esa mirada hermosa e inocente rompió la coraza de Aníbal por unos instantes,sin más guardo la espada en la vaina y aprovechando el estado de shock de la niña la cogió delicadamente en brazos. Adriana instintivamente rodeo con sus pequeños brazos el cuello de Aníbal y apoyo la cabeza en el hombro del púnico,bañándolo con sus lágrimas por la tristeza de la muerte de su madre. Aníbal salió de la habitación llevando a la princesa entre sus brazos. No sabía a dónde se dirigían sus pasos,sabía que cerca estaba el santuario familiar a la diosa cazadora y virgen Diana,pensó en llevarse a la niña a Cartago,criarla él y desposarla cuando creciese,pero impulsado por algo que nunca sabría describir,la llevó al santuario de Diana. El santuario de mármol con una estatua del mismo material de la diosa Diana. En el altar de mármol había una piel de cierva,los ciervos eran símbolos de la diosa de la caza. Sin más,se adentró en el santuario y dejo a la niña sentada en el altar,apreció que Adriana temblaba y cogió la piel de cierva para arropar a la niña con ella. Una vez más sus miradas se cruzaron,y pudo leer en esa mirada color miel todo el miedo y el terror que sentía. A modo simbólico,Aníbal se llevó las manos al cuello para quitarse la cadena de oro con una imagen de Baal y la colgó del cuello de la niña.

-Esto te protegerá de todo mal- no había necesidad de más palabras,con sólo mirarse se habían dicho todo lo que debían decirse. Cuando salió de la habitación,cerró tras de si la puerta para que no fuese testigo de todo ese horror,que siguiese en su inocencia.

Aníbal despertó sin exaltarse mucho,en cierta forma era un buen recuerdo,era la primera vez que veía a Adriana,miró a su lado y no pudo evitar pensar que era increíble que la niña que salvo de si mismo fuese la mujer con la que se caso y que le había dado a sus hijos. Pero se sentía miserable,ahora veía que fue un error aunque gracias a eso pudo conquistar Sicilia,pero ¿a que precio? El precio de que Adriana tuviese que ser criada por el depravado de Julius. Pensaba que si no hubiese sido por eso,él y Adriana quizás no se hubiesen casado ni sus hijos haber nacido.

Cuando amaneció, Aníbal no había podido conciliar el sueño y el amanecer le sorprendió en el balcón de la habitación en la que estaban,observando cómo el sol aparecía, miró después al lecho donde dormía Adriana. Ese era el día de la boda de Fabio y Ailis le había pedido a Adriana que fuese su pronuba (madrina),por tanto debía despertarse ya e ir con Ailis.

-Adriana,arriba.- dijo Aníbal acercándose a su mujer. Adriana despertó inesperadamente deprisa,los nervios de todo lo que les esperaba. El paranymfus (padrino) de Fabio era Adelphos,su hermano en vez de su padre porque Fabio sabía que Adelphos casi había prometido no casarse hasta que no se le pasase el aún enamoramiento platónico que tenía con Adriana,aunque eso a Adelphos se le estaba pasando debido a que ahora Adriana no era una uxor (casada sin hijos) sino mater (casada con hijos).

-Voy a vestirme,cuida a los peques hasta que venga la esclava que los va a cuidar- dijo Adriana levantándose deprisa y cogiendo un sencillo vestido,de momento, luego ya se vestiría más adecuadamente para ser la madrina de su amiga.

-Vale- contesto simplemente Aníbal,los niños de momento no serian problema dado que ambos niños estaban dormidos profundamente. Antes de irse de la habitación,Adriana le dio un breve beso en los labios a su marido. Tenía mucho por hacer para que la boda entre Fabio y Ailis fuese bien y no hubiese ninguna masacre por los invitados o lo que sea. Al menos por parte de los púnicos no habría problema,Dido era responsable y seria y a los hombres los tenían amenazados.

2 comentarios:

  1. acabo de leer el texto, me ha encantado :). yo no podré publicar ya todos los días, tengo que centrarme en mis estudios :).
    un beso.

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    Respuestas
    1. Yo tampoco podre actualizar todos los dias debido a los estudios @.@

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